Dueño de tienda de Seven-Eleven perdió a su hijo y su negocio por competencia de la misma Seven-Eleven

Tienda de Seven-Eleven (Asahi)

Abrió una tienda de Seven-Eleven en Tokio en 2010. Al principio, le fue muy bien. La prosperidad, sin embargo, no duró mucho y en marzo de 2019 tuvo que cerrar. El negocio ya no era rentable, pero no por la competencia de otras cadenas de konbini, sino de la propia Seven-Eleven Japan, con la que tenía un contrato de franquicia.


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Lo peor, no obstante, no fue eso. Un negocio puede ir mal, pero la vida continúa. Lo peor fue que perdió a su hijo.

Asahi Shimbun relata la historia del propietario de la extinta tienda, un hombre de 60 años que explica con claridad lo que le ocurrió: “Fui obligado a cerrar mi tienda debido a las otras tiendas de Seven-Eleven”.

Su local estaba ubicado en un sitio favorable en medio de muchos edificios de oficinas y apartamentos, un lugar recomendado por el propio titular de la marca, Seven-Eleven Japan.

El problema era que en un radio de 200 metros de su tienda, había tres establecimientos de otras cadenas de konbini… y cuatro de Seven-Eleven.

Cuando el sexagenario abrió su local en 2010, había otros dos Seven-Eleven. Sin embargo, las ventas eran buenas.

Las cosas comenzaron a torcerse en 2013, cuando en los alrededores abrió un nuevo local de Seven-Eleven.

Seven-Eleven Japan le informó de la apertura del nuevo establecimiento y aunque él estaba en contra por la obvia competencia que significaría, no tuvo más opción que aceptarlo.

Sus ventas disminuyeron drásticamente. Para más inri, como pasa en toda la industria de servicios en Japón, tenía dificultades para conseguir personal, así que subió la paga. El negocio sufría pérdidas.

Para reducir costos y como no tenía dinero suficiente para remunerar a los empleados, toda la familia tuvo que ponerse a trabajar: su esposa y su hijo estudiante. Pasaban largas horas trabajando en la tienda. En septiembre de 2014, su hijo de 19 años se suicidó.

Su hijo no dejó nota de suicidio, pero el hombre sabe por qué se quitó la vida. “Él lo pasó mal porque tuvo que renunciar a ir a la universidad debido a los problemas financieros y a que trabajaba duro en la tienda”.

Pese a la tragedia, no cerró su local. No podía. El hombre dice que Seven-Eleven Japan exige el pago de grandes multas a los franquiciados si estos cancelan sus contratos y cierran sus tiendas.

Hasta que no dio más y cerró definitivamente en marzo.

Seven-Eleven Japan afirma que la tienda se cerró por petición de su propietario y sin que hubiera multas de por medio.

Con respecto a las consecuencias negativas de la apertura de nuevas tiendas de la misma cadena, sostiene que eso no es cierto. Las ventas de los antiguos locales a veces descienden temporalmente, pero hay casos en los cuales -por el contrario- suben.

Además, dice que ofrece asesoría a los dueños de antiguas tiendas cuando abren nuevas en las cercanías. (International Press)


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