El gran ejemplo del primer presidente africano de una universidad japonesa

Foto kyoto-seika.ac.jp

El maliense Oussouby Sacko llegó a Japón en 1990 en un viaje de vacaciones tras culminar sus estudios universitarios en China. Los fuertes lazos comunitarios y el espíritu de hospitalidad que vio en Japón lo fascinaron. Conoció a una mujer japonesa con la que después se casó y tuvo dos hijos, y se labró una exitosa carrera en el difícil mundo académico japonés.


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Hoy es presidente de la Universidad de Kioto Seika. Ciudadano japonés desde hace 16 años, se cree que Sacko (51) es el primer presidente de origen africano de una universidad japonesa, revela Asahi Shimbun.

Su caso es extraordinario. Hijo de un funcionario de aduanas y un ama de casa, creció en Bamako, la capital de Malí. Destacado estudiante, ganó una beca del gobierno maliense que le permitió estudiar ingeniería y arquitectura en una universidad de Nankín.

Ya en Japón tras terminar sus estudios universitarios, estudió idioma japonés durante seis meses en Osaka y después siguió una maestría en la Universidad de Kioto.

Siempre se esforzó mucho por aprender japonés.

En reuniones con colegas, a menudo le pedían a Sacko que llevara las actas. Eso lo ayudaba a mejorar su comprensión y redacción en lengua japonesa.

Además, socializaba con sus compañeros de estudios japoneses y en la noche veía programas de televisión para aprender.

Su dedicación para mejorar su dominio del idioma lo distinguía de otros extranjeros. Muchos extranjeros, dice Sacko, pasan demasiado tiempo entre ellos mismos.

El maliense comenzó a trabajar como profesor en Kioto Seika, una universidad que se especializa en artes, en 2001.

Sus colegas reconocen que se ha esforzado mucho por adaptarse a los códigos sociales japoneses. “Él entiende profundamente la cultura japonesa y la forma de pensar”, dice Emiko Yoshioka, vicepresidenta de la universidad.

Eso no significa, sin embargo, que no reconozca o ya no valore su origen extranjero. En absoluto.

El maliense afirma que Japón debe aceptar más extranjeros por su propia supervivencia como país.

“Los japoneses piensan que tienen que proteger algo”, dice. Sin embargo, “alguien que tiene una visión amplia desde fuera de tu cultura puede ayudarte objetivamente a mejorar tus metas”.

Sacko ha sabido adaptarse muy bien a Japón, pero no le ha sido fácil comprender una cultura como la japonesa en la que las personas pueden decir exactamente lo contrario de lo que en realidad quieren decir, según Asahi. “No siempre captas las cosas a partir del significado de las palabras. Tienes que profundizar”, dice.

Lo ha vivido en carne propia. Sacko cuenta que después de organizar varias reuniones en su apato, sus vecinos le comentaron que tanto sus amigos como él parecían siempre felices y que los envidiaban. El maliense los invitó a unirse a su próxima fiesta.

Sin embargo, durante la fiesta llegó la policía. “Ud. hace demasiado ruido”, le dijeron. ¿Quiénes habían llamado a la policía? Sus vecinos.

El maliense dice que nunca ha sufrido racismo en Japón, pero que sí ha sido tratado de forma diferente simplemente por no parecer japonés. A pesar de ser ciudadano japonés, automáticamente lo envían a la fila de los extranjeros en los aeropuertos cuando regresa de sus viajes al extranjero. “No es porque seas negro, es porque eres diferente”, manifiesta.

Sacko podría ayudar a mejorar la percepción de los negros en un país donde hay artistas que aún aparecen en televisión con los rostros pintados de negro.

Volviendo a la universidad, el presidente no solo apuesta por la diversidad de Kioto Seika en cuestiones étnicas. Cuando convocó a Emiko Yoshioka para nombrarla vicepresidenta, le dijo que si la junta de la universidad no tenía a una persona como ella, mujer y madre soltera, entonces se iba a llenar de hombres. “Y eso no se ajusta a mi visión”, le dijo.

Además, su presencia podría ayudar a Kioto Seika a atraer más estudiantes extranjeros. Ya lo son el 20 % de sus alumnos, un porcentaje muy superior al 4 % de media nacional en Japón. El maliense aspira a que representen el 40 % en una década.

Para finalizar, algunos datos interesantes sobre los extranjeros en Japón:

  • 15.140 africanos residen en el país.
  • Los extranjeros representan menos del 2 % de la población total de Japón, por debajo de Corea del Sur (3,4 %), lejos de Estados Unidos (14 %) y lejísimos de Hong Kong (cerca de 40 %).
  • Obtener la ciudadanía japonesa es extremadamente difícil. Desde 1952, poco más de 550.000 personas han logrado hacerse ciudadanos japoneses, la mayoría de ellos coreanos cuyas familias han vivido en Japón durante varias generaciones desde la ocupación colonial de Corea (1910-45). (International Press)
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