Las 5 S japonesas y la política peruana, por Julio Peña*

 

Los recientes escándalos de corrupción que involucran al actual presidente peruano incluido en cinco investigaciones de la fiscalía en su primer año de gobierno ponen al descubierto, a juzgar por la opinión pública, su falta de idoneidad para ejercer tan importante cargo. Además, las encuestas demuestran que la clase política está en su peor momento de la historia, independientemente de su color o ideología. El 88% de la población considera al Congreso como una institución con mayor corrupción, seguida de municipios y gobiernos regionales.

¿Y qué tendrían que ver las 5 S japonesas en todo esto? Pues bien, esta filosofía de trabajo que se inició en las fábricas de la empresa Toyota fue copiada e implementada en toda clase de organizaciones tanto en Japón como en otros países con la finalidad de dar orden y sentido a los procesos de trabajo y ayudar en la gestión de crisis y atender situaciones de desorganización.

Entonces, ante la crisis política a la que nos enfrentamos propongo implementar esta filosofía como una alternativa de solución. Los electores, que en la práctica somos los dueños de esta empresa en crisis llamada Perú, tenemos que empezar poniendo orden en los partidos políticos, limpiándolos de la suciedad y mugre de la corrupción e incapacidad de gestión y creando una conciencia ciudadana que sepa elegir a los mejores para dirigir los destinos de nuestro país.

La aplicación de las 5S sería de la siguiente manera:

Seiri, se refiere al sentido de la utilización de los recursos incluyendo los humanos, se separa lo que sirve o es útil de lo innecesario o inútil, por lo tanto debemos hacer una evaluación de los políticos y de sus partidos que dicen representarnos y desechar o eliminar a todos aquellos que estén involucrados en denuncias o escándalos de corrupción incluyendo a los que han demostrado una evidente incapacidad de gestión. Aquí no hay lugar para los sentimentalismos ni amiguismos. No votar por ninguno de ellos. Simple pero efectivo.

Seiton, busca mejorar la organización de nuestros recursos. Desechados los políticos y los partidos que no sirven a los intereses nacionales, tendremos una mejor visión del panorama político y tiempo para revisar los programas de gobierno y elegir al que tenga proyectos más realistas y realizables y no al más populista que por lo general miente para llegar al poder. Un popular refrán japonés dice: La mentira es el inicio del ladrón.

Seiso, se refiere a la limpieza. Tratándose de personas, veremos la imagen de los políticos ante la ciudadanía, recordemos el dicho: “La mujer del César no solo debe honrada sino también parecerlo.” La reputación de un político y de su partido no solo debe generar la confianza y seguridad de que va a mantenerse firme ante cualquier tentación y que pondrá el bien común de por encima del personal o partidario, sino que además debe demostrar su capacidad para trabajar en equipo, pues se trata de llegar a acuerdos que beneficien a todos los peruanos.

Seiketsu, se trata de consolidar todo lo anterior de manera tal que se constituya como una norma o costumbre en todos los votantes, quienes examinaremos de manera constante y severa a los partidos políticos, por ello los medios de comunicación y las redes sociales tienen un papel muy importante para informar sobre cualquier indicio de mala gestión, corrupción, nepotismo u otro hecho que afecte a la buena administración de los recursos del estado.

Shitsuke, disciplina y buenas costumbres. Una estricta disciplina en la ejecución del gasto e inversión públicas, verificadas por la Controlaría de la República y por los congresistas, así como por la vigilancia constante de la Fiscalía de la Nación, garantizarán que los recursos del estado se utilicen correctamente y que los proyectos se cumplan en las fechas previstas. Pero esta sana disciplina empieza por el pueblo que elige, de nada vale el esfuerzo de quienes procuran el bien común si no tienen el apoyo de los ciudadanos. Y éstos deben tener y mantener una conducta cívica ejemplar digna de ser imitada.

A los ciudadanos nos asiste el derecho de exigir a los funcionarios públicos que cumplan con su trabajo y a los políticos que cumplan con sus promesas. Pero de manera fundamental debemos exigirnos a nosotros mismos el cumplir con las leyes, de lo contrario no tendremos la fuerza moral para reclamar por lo justo. No hay democracia sin un estado de derecho y para que éste exista a plenitud, el asumir las responsabilidades y consecuencias políticas de nuestras acciones es imprescindible.

Recordemos que los valores morales se cultivan en el hogar y se consolidan en la escuela, como el inculcar a nuestros hijos tanto el respeto hacia todas las personas como al bien ajeno y al bien público. Considero que es la mejor manera de formar a quienes serán el futuro de nuestro país.

 

(*) Julio Peña. Colaborador. Director ejecutivo del Foro Reflexión Perú, capítulo Japón.

 

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