Un acercamiento a los nikkei brasileños a propósito de los Juegos de Río

 


Deportistas de origen japonés integran el equipo olímpico de Brasil

Charles Chibana (foto Facebook)
Charles Chibana (foto Facebook)

Los Juegos de Ríos constituyen una gran oportunidad para acercarse a la numerosa comunidad de origen japonés que reside en Brasil, cuya población se estima en alrededor de dos millones, según Asahi Shimbun.

El diario japonés ha aprovechado la ocasión para publicar un artículo sobre los nikkei brasileños y recordar que los inmigrantes japoneses comenzaron a arribar a Brasil a principios del siglo pasado para realizar trabajos agrícolas en las plantaciones de café.

Sus descendientes han integrado e integran los equipos olímpicos del gigante sudamericano.

Uno de ellos es Charles Koshiro Chibana, uno de los mejores judocas de Brasil. Chibana ha entrenado en Japón, donde tiene muchos amigos. “Siempre me siento como en casa allí”, declara a Asahi. “Siempre aprendo de Japón”, dice. Aunque el portugués es su primera lengua, habla japonés con sus padres en casa.

Chibana perdió en Río con el japonés Masashi Ebinuma.

También figuran el corredor Mahau Camargo Suguimati, que ha estudiado y entrenado en la prefectura de Saitama, y la capitana del equipo de rugby brasileño, la nikkei nacida en Sao Paulo, Paula Harumi Ishibashi.

“A veces me siento perdida. Me han dicho que parezco japonesa, pero en algunos lugares me dicen que no soy japonesa, sino brasileña”.

 

Entre los exdeportistas destaca el seis veces olímpico Hugo Hoyama, exjugador de tenis de mesa que entrena al equipo femenino que participa en Río.

Por su parte, Chiaki Ishii conquistó la primera medalla para el judo brasileño en los Juegos de 1972. Ishii nació en Japón y migró a Brasil en busca de oportunidades para desarrollarse como judoca.

No solo deportistas nikkei están involucrados en los Juegos.

Geraldo Omachi, un ingeniero de minas, trabaja como traductor japonés-portugués para el comité organizador de Río. Sus padres japoneses migraron a Brasil en la década de 1960 en busca de “más espacio” y “una manera más abierta de vivir”.

Omachi califica su propia vida como “mezclada”. Por ejemplo, le encanta comer arroz (solo japonés) con frijoles negros brasileños.

“Supongo que soy más brasileño, pero tengo un montón de cosas que son muy japonesas”, dice Omachi. En casa, con sus hijos y su esposa, habla portugués.

Shizuka Luiza Ameku trabaja en los Juegos para una cadena de televisión japonesa en temas logísticos (encontrar alojamiento, hacer reservas, pedir comida, etc.). Es una nikkei brasileña con pasaporte japonés que, dice, con frecuencia se siente dividida entre las dos culturas.

“A veces me siento perdida. Me han dicho que parezco japonesa, pero en algunos lugares me dicen que no soy japonesa, sino brasileña”.

Sus padres migraron de Okinawa a Bolivia, y luego a Brasil. En su casa se hablan cuatro idiomas: japonés, okinawense, portugués y español. “Es un idioma muy loco el que hablamos. Empezamos con un idioma y terminamos con otro”. (International Press)

 

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