Héroes anónimos en botes: al rescate de los damnificados por las lluvias en Japón

Kyodo News

 


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Japón ha movilizado a miles de soldados, bomberos, policías y rescatistas para realizar operativos de búsqueda y rescate en las zonas afectadas por las inundaciones y los derrumbes causados por las lluvias torrenciales.

No han sido los únicos. Mainichi Shimbun ha recogido los testimonios de damnificados por el desastre que si hoy viven es gracias a héroes anónimos, civiles voluntarios que los rescataron en sus botes.

En la ciudad de Kurashiki, prefectura de Okayama, más de 2.400 personas quedaron temporalmente aisladas debido al desborde de un río.

Uno de ellos fue Yoshiteru Amatatsu, un hombre de 78 años que se refugió en el segundo piso de una inundada casa con su hija de 44 años y su sobrino de 54, que tiene una discapacidad en una pierna. Los tres no tenían otra opción que esperar a ser rescatados.

Mientras esperaban, Amatatsu vio navegando cerca de la casa un bote de color azul con tres hombres de mediana edad. Les hizo señas con las manos, gritándoles por ayuda. La embarcación se acercó y Amatatsu les pidió que ayudaran primero a otras personas ancianas de la zona que, como él, estaban esperando que las rescataran.

Uno de los hombres del bote le dijo a Amatatsu que regresaría por él, su hija y su sobrino. Los tres hombres rescataron a los otros ancianos y, cumpliendo su palabra, volvieron después para llevarse a Amatatsu y sus parientes.

“Si ellos no hubieran venido a ayudarnos, nosotros no estaríamos aquí. No puedo agradecerles lo suficiente”, declaró el superviviente a Mainichi.

Una experiencia similar vivió Tatsuo Nose, un hombre de 85 años y su esposa. Solo había un metro y medio de distancia entre las aguas y el techo de su casa de un piso. Nose creyó que morirían ahogados y le dijo a su esposa: “Esto es el fin”.

Por suerte, por la ventana de su casa vio un bote de color amarillo. “Ayúdennos”, gritó. Los dos hombres que iban en el bote se acercaron a la casa y rescataron a los esposos. Nose desconoce el nombre de sus salvadores. Solo recuerda que los escuchó decir que eran de la ciudad de Okayama.

Hoy a salvo, solo tiene palabras de agradecimiento para esos dos extraños: “Gracias. Uds. salvaron nuestras vidas”. (International Press)

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