¿Queremos o no queremos vivir en democracia?, por Michel Azcueta

Estuve participando hace unos días en una conferencia virtual del Dr. Joan Navarro (1), catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, de España, hablando de las protestas, de las movilizaciones, de la crispación en las relaciones interpersonales en la sociedad actual y, entre otras ideas, se me grabaron un par de sus frases: “Una democracia no puede funcionar con ciudadanos no democráticos” y “El debate sobre diferencias está en la base de la democracia” y, lógicamente, pensé en el Perú y en la situación que estamos viviendo desde hace semana.

Es curioso que en medio de varias crisis, de las movilizaciones y de las condenables muertes de peruanos, no nos planteemos con seriedad el tema de la democracia como modelo de gobierno y como modelo de sociedad. Solamente se habla de “defensa de la democracia” cuando quieren referirse al modelo actual político y lo hacen desde el poder, como si lo que tenemos ahora es lo mejor y lo único posible.

Por un lado, a nivel de la sociedad, repetir una y otra vez, como dice el Dr. Navarro que “si los ciudadanos no somos democráticos, la democracia no funciona…” y, a mi modo de entender, los ciudadanos democráticos construyen instituciones democráticas, organizaciones, espacios comunes de relación, empresas para el desarrollo con justa legislación, etc. etc. Esto está fallando en el Perú actual de uno y de otro lado: los que están tradicionalmente en el poder no construyen institucionalidad democrática, sino que asaltan literalmente las instituciones formales como el Congreso, los partidos unipersonales, el poder judicial y el Ejecutivo asentándose en ellas como propiedad privada y no como partes de un funcionamiento integral de un Estado democrático al servicio de la ciudadanía y de la Nación.

Desde los otros sectores de la ciudadanía, ya sea por causas internas ya sea por causas externas, se han ido debilitando sus propias instituciones comunales, sindicales, partidarias, empresariales y, hablando en general, se ha caído en un utilitarismo hasta servil en las relaciones con las municipalidades y gobiernos regionales buscando algún beneficio inmediato, de manera que, también a nivel social y popular, se está lejos del modelo y sociedad auténticamente democráticos.

Y la segunda reflexión, que también nos cuesta entender, es que en democracia siempre hay diferencias, siempre hay mayorías y minorías, siempre hay objetivos diferentes, y, en el caso del Perú, hay culturas, hay lenguas, hay pueblos, hay modos de vivir, pensar y relacionarse diferentes. Una cosa es que cada grupo defienda su posición y otra cosa es querer imponerla por la fuerza y sin institucionalidad alguna que dé continuidad a una relación seria entre partes diferentes.

HAY QUE DETENER LA VIOLENCIA, NI UNA MUERTE MÁS… hasta el Papa está pidiendo a los peruanos que dialoguemos y solo se puede lograr con ciudadanos democráticos y con institucionalidad democrática, sin confundirlo con abusos e imposiciones desde los cargos e instituciones del poder tradicional. Es una grave responsabilidad que todos debemos asumir.

Partir de las diferencias para lograr objetivos mínimos comunes a todos os peruanos. Esto es definitivamente posible como ha ocurrido en otras etapas de la historia del Perú y de la historia de otros países que han superado conflictos internos similares a los que estamos viviendo en Perú. Y hay que gritarlo: a partir de las diferencias, sin negarlas ni ocultarlas, y con los aportes de todos. Lo contrario ya sabemos a dónde nos lleva: al autoritarismo, a la dictadura, a la represión y falta de libertades, es decir a todo lo contrario a la democracia.

Por eso, de nuevo la pregunta: ¿queremos o no queremos los peruanos hoy día vivir en democracia? Dependiendo de la respuesta habrá o no habrá soluciones a las crisis.

Enero 23

(*) Michel Azcueta. Exalcalde de Villa El Salvador, en Lima, Perú.

 

 

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