Piden perdón a jóvenes obligadas a acostarse con soldados soviéticos para salvar a colonos japoneses


Soldados japoneses en Manchuria (Wikipedia)

La II Guerra Mundial dejó muchas historias penosas. Una de ellas, apenas conocida, involucra a un grupo de jóvenes japonesas, ninguna mayor de 21 años, que fueron forzadas a sacrificarse para salvar a su comunidad.


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La historia, revela Asahi Shimbun, transcurrió en Manchuria, China, entre septiembre y noviembre de 1945 después de la rendición de Japón.

Ocupada por Japón desde 1931, en la región vivían colonos japoneses que se habían mudado a Manchuria en el marco de un programa de inmigración patrocinado por el gobierno japonés.

Desde 1941, al menos unos 600 residentes del pueblo de Shirakawa (prefectura de Gifu) se establecieron en China.

Cuando Japón se rindió, los colonos japoneses quedaron totalmente desamparados. Los chinos, liberados del yugo nipón, comenzaron a saquear las propiedades de los japoneses. Hubo colonos que se suicidaron en masa.

Los ancianos de la comunidad japonesa, desesperados ante la ira de los chinos y para asegurar su supervivencia, imploraron a aproximadamente quince jóvenes que se acostaran con soldados soviéticos (Unión Soviética había derrotado a Japón) para garantizar la seguridad de los colonos.

Las jóvenes, entre las cuales había adolescentes de 17 años, tuvieron relaciones sexuales con soldados del Ejército Rojo.

Cuatro de ellas murieron por enfermedades venéreas o tifus. El resto de mujeres volvió a Japón, pero su infierno continuó. Injustamente estigmatizadas y víctimas de chismes maliciosos pese a su sacrificio, la mayoría debió mudarse a otras partes de Japón para intentar rehacer sus vidas.

Cerca de 400 colonos de Shirakawa regresaron a Japón en septiembre de 1946.

El pasado domingo se realizó una ceremonia conmemorativa en Shirakawa, donde se develó un epitafio para recordar a las jóvenes y difundir su historia. Una de las supervivientes, hoy una mujer de 93 años, asistió al evento y agradeció el epitafio. También asistieron descendientes de los colonos en Manchuria.

El epitafio describe la situación de los colonos japoneses como un asunto de “vida o muerte” y recuerda la tragedia de unas chicas que -obligadas por los ancianos de su comunidad- no pudieron decir “no”.

En la ceremonia participó Hiroyuki Fujii, un hombre de 66 años que lidera a un grupo de familiares de los colonos japoneses. Aunque Fujii no había nacido en aquella época, en nombre de los colonos se disculpó por haber tardado tanto en expresar públicamente su gratitud a las víctimas por su sacrificio.

“Estoy lleno de un sentimiento de culpa y remordimiento. Como hijo de padres que fueron salvados por las mujeres, deseo sinceramente reparar el daño”.

Antes de la ceremonia, los habitantes de Shirakawa rara vez hablaban sobre las mujeres forzadas a sacrificarse. Era un tema tabú. Ya no. (International Press)

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