Botan de Japón a vietnamita por pedir licencia para casarse

Vinh, ciudad vietnamita donde reside el hombre (foto Dungshc)

 


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Pedir una licencia para casarse le costó a un vietnamita no solo su trabajo, sino también su estadía en Japón.

El hombre de 27 años trabajaba en una empresa de procesamiento de mariscos en Yokohama y formaba parte del programa de capacitación técnica para extranjeros que impulsa el gobierno de Japón, reveló la agencia Kyodo.

El 6 de febrero, alrededor de las 5 a. m., cuatro personas de la Cooperativa de Promoción Boso llegaron a su apato sin previo aviso y comenzaron a empacar sus pertenencias. El aprendiz vietnamita estaba durmiendo.

Los cuatro hombres le dijeron que pedía “muchas cosas”. De su apato lo llevaron a una oficina municipal para presentar unos documentos y luego lo obligaron a subir a un avión de vuelta a su país.

“Mi mente se quedó en blanco y mi cuerpo comenzó a temblar. No pude hacer nada”, declaró el hombre a Kyodo desde Vietnam.

La novia del vietnamita se quejó ante la cooperativa, que le respondió que pedir una licencia remunerada era una conducta “impropia” de un aprendiz.

La cooperativa, que tenía a su cargo supervisar la participación del hombre en el programa de capacitación técnica, ha declinado pronunciarse públicamente sobre el caso alegando que está negociando con una organización sindical que apoya al vietnamita. Por la misma razón se ha abstenido de comentar el tema la empresa para la que llevaba poco menos de un año trabajando.

En declaraciones recogidas por la agencia de noticias, el abogado Shoichi Ibusuki, dijo que el atropello sufrido por el vietnamita podría ser considerado delito, y no uno, sino dos: allanamiento de morada y secuestro.

Ibusuku subrayó que existe un problema estructural con el programa.

“Los aprendices con frecuencia piden grandes préstamos para pagar su viaje a Japón. Los organismos de supervisión y las empresas de contratación tienen todo el poder, lo que hace que haya una relación de subordinación similar a la esclavitud”.

Este vergonzoso episodio se suma a los numerosos cuestionamientos a un programa lanzado en 1993 para que los extranjeros capacitados en Japón vuelquen su experiencia y los conocimientos adquiridos en sus países de origen, pero que en la práctica sirve para proveer de mano de obra barata (y en muchos casos explotada) a empresas con escasez de personal. (International Press)


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