Así no estamos tan lejos de Europa. Por Jorge Barraza

Jorge Barraza
Jorge Barraza
“Así pues sí”, diría el genial Chavo del 8. Después de haber visto Real Madrid 1 – Liverpool 0 y Ajax 0 – Barcelona 2 por la Champions, más tarde Saint Ettiene 1 – Inter 1, insulso compromiso por la Europa League, nos enfocamos en nuestra Copa Sudamericana, menos pomposa y más caserita. Telespectamos Emelec 3 – San Pablo 2; Cerro Porteño 1 – Boca 4; River 3 – Estudiantes 2 y César Vallejo 0 –  Nacional 1, todos por cuartos de final. Las sensaciones fueron magníficas al cabo de los cuatro: emociones, espíritu ofensivo, bonito fútbol, intensidad, ida y vuelta constante, cero especulación, muchos goles (al menos en los tres primeros). En suma: partidazos. Se pareció al Mundial, donde los equipos salían a ganar en lugar de a no perder. Tan lejano de aquellos tiempos coperos en que los visitantes se atrincheraban atrás desde el minuto inicial. Por fin debemos atribuir tales alabanzas a un torneo sudamericano y no europeo. Por fin nos motiva escribir de acá.

El mérito es doble pues aquí se juega con lo que queda, con lo que Europa aún no se ha llevado (por error u omisión). Justamente lo notable, más que el atractivo de los partidos mencionados, es la cantidad de figuras emergentes que se vieron en estos cuartos de final de la Sudamericana: Andrés Chávez, el potentísimo goleador de Boca; los emelecistas Miller Bolaños, Ángel Mena y John Narváez; Edwin Cardona, Daniel Bocanegra, Alexander Mejía, Sherman Cárdenas, el arquero Armani de Nacional; Joaquín Correa, Guido Carrillo, Leonardo Jara de Estudiantes; también varios de River, comenzando por Teo Gutiérrez, siguiendo con el zurdo Ariel Rojas y culminando con Ramiro Funes Mori, zaguero con alma de caudillo, ganador, con cercano futuro de selección.

Después del papelón frente a Capiatá (un club con cuatro años de vida y uno de Primera), apareció la grandeza de Boca y aplastó a Cerro Porteño en Asunción frente a un Defensores del Chaco atestado como pocas veces se vio. Le ganó la ida y la vuelta, Boca; indiscutible semifinalista. River y Estudiantes, que ya habían brindado un buen espectáculo en La Plata, lo redoblaron en Núñez. River es un revólver, en cualquier momento sale el tiro y mata. La facilidad con que da vuelta los partidos la hemos visto pocas veces, y eso es justamente por su poder de fuego adelante: la mete fácil.

No obstante, lo más resaltante de la jornada de cuartos lo atribuimos a un eliminado: Emelec. Su juego ante el San Pablo de Kaká (un movimiento exquisito, de auténtico Balón de Oro en el gol de Ganso), fue espectacular. Arrolló al equipo brasileño durante 95 minutos, lo arrinconó, en una demostración de carácter y de fútbol que llevan a ponderar una vez más el crecimiento del fútbol ecuatoriano, la personalidad y el vigor físico de sus futbolistas. Hace 15 ó 20 años era impensable que un equipo ecuatoriano exhibiera tanta superioridad sobre uno brasileño. Pero está todo muy igualado. El fútbol es caprichoso, era para cuatro o cinco goles de diferencia; los palos, Rogerio Ceni y la ansiedad por definir truncaron el sueño de Emelec.

En contrapartida, el fútbol brasileño vuelve a dar otra muestra de declinación inquietante. Es cada vez más profunda y visible. Y ya a todo nivel, en juego, en resultados, en selecciones, en clubes, en jugadores y técnicos (siempre los mismos, que rotan sin cesar de un equipo al otro)… Con un aditamento: el presupuesto que maneja el San Pablo es veinte o treinta veces superior al de Emelec.

Las semifinales que vienen, al menos en nombres, son de lujo: Boca-River, Nacional de Medellín-San Pablo. Y muy superiores este año a las de Libertadores (Bolivar-San Lorenzo y Nacional de Asunción-San Lorenzo). Que la Copa tenga dos Boca-River en esta instancia es un regalo infrecuente para los aficionados. Puede que no salgan buenos partidos, pero no nos perderíamos un sólo minuto de batalla. Es a bayoneta calada y no hay lugar para tibios. Para mejor, es la última ocasión del año para Boca de darle una satisfacción a sus hinchas. Para River, la oportunidad de conquistar un título que se le escapó en 2003 (¡con Cienciano…!) y que sí ostentan San Lorenzo, Independiente y Boca.

Nacional tiene todo a favor para superar al San Pablo, principalmente, su mejor fútbol, sus buenos jugadores, su inteligente técnico, su hábito de disputar todas las copas, también su bien ganado rótulo de ser el mejor colombiano de los últimos 25 años. El vicepresidente del San Pablo, Gil Guerreiro, anunció que podrían no presentarse a jugar en Medellín el próximo 19 por tener ese día otro cotejo, ante el Inter de Porto Alegre por el Brasilerao. Lo dice para tratar de cambiar de fecha alguno de los dos; sabe que, de no presentarse por la Copa, la sanción podría ser durísima.

Nunca estuvimos de acuerdo con que las instancias eliminatorias se definan por mejor gol de visitante. Parece injusto. Si un equipo gana 3-2 en casa y pierde 2-1 afuera, ha hecho el mismo mérito que su rival. A veces un gol de visita desnaturaliza los partidos, aunque también es cierto que invita a atacar, a buscar el arco adversario, porque la recompensa de un gol afuera puede ser grande. Esta tal vez sea una de las razones del ida y vuelta que vimos. Y ahora Blatter lo quiere sacar (aunque también a él lo quieren sacar ¿no…?)

 

 

Cinco centavos aparte: Allan, amigo costarricense, nos manda el link con el video del gol de Esteban Ramírez, del Herediano, al Saprissa, el domingo último.  Vale invertir tres minutos en verlo porque es tan excepcional como inusual, una joya única, que por ser totalmente individual puede competir con el mejor gol de cualquier liga del mundo. Es una proeza técnica ejecutada con tal armonía, precisión y contundencia que ni el mismo Ramírez podrá igualarla nunca.
 

 
 

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