Irma Aráuz: Cuando el diálogo se convierte en un teléfono descompuesto

Irma Arauz
Psicóloga Irma Aráuz
Psicóloga Irma Aráuz

Por la psicóloga Irma Aráuz*

En una relación de pareja cuando el cansancio se instala es frecuente creer que la relación ha fracasado. Sin embargo, con disposición y humildad de ambas partes es posible recuperar la confianza y el vínculo que los une.

“Mi marido siempre tiene que darme la solución a todo lo que le cuento y es que no me entiende cuando le digo que sólo quiero que me escuche. Parecería que no hablamos el mismo idioma”. “No entiendo por qué mi mujer se enoja cuando le doy la solución a sus problemas. Si tanto le molesta entonces para qué me cuenta”.

Las mujeres hablamos para expresar nuestros sentimientos en cambio los hombres son más concretos al hablar y no entienden por qué las mujeres se complican tanto la vida al hablar. El diálogo en pareja es muy importante pero ¿qué es lo qué hace que se convierta en un “teléfono descompuesto”?

Al principio de una relación el hombre habla mucho para demostrar su valor y su inteligencia. Una vez que la unión se concreta, tiende a pensar que ya no hay más que decir. Es lo que los japoneses expresan en este proverbio: “Tsuta sakana esa agenai” lo que puede traducirse como: “al pez, una vez que le se le ha pescado, ya no tiene que dársele sebo”.

El tiempo “ensordece” y la comunicación de pareja tiende a “marchitarse” con los años. Sin embargo podemos aprender a entender a nuestra pareja si entendemos este principio y reforzamos la relación enfocándonos en los puntos positivos y hacemos algo por modificar los negativos.

Todo esto exige una toma de conciencia por parte de nosotros mismos para aprender a mantener el equilibrio entre el dar y el recibir, ya que generalmente decimos lo que el otro quiere escuchar y no lo que de verdad queremos decir. Como a veces decimos los psicólogos: el problema no es el verdadero problema, ya que siempre hay un significado oculto. Por eso, un pleito que a veces carece de trascendencia, siempre apuesta por aspectos más profundos que los temas que aborda en realidad.

En todo caso en una discusión se puede aprender a discutir sin dañar a nadie mediante algunas conductas que deben evitarse a la hora de discutir:

Las ordenes, que apuntan al otro lo que tiene que decir: “deberías…” “tienes que…”
Los adjetivos que descalifican al otro y que atentan contra su autoestima: “Pareces una tonta” “tú nunca entiendes nada” “Eres un torpe, nunca te acuerdas de nada”.
El chantaje afectivo, que responsabiliza al otro de la propia infelicidad y frustración: “Claro, tu amigo te importa más” “Como no estoy guapa no me invitas a salir” “Como no me haces caso mejor me voy”.

*La psicóloga Irma Aráuz atiende directamente en el teléfono 090-2553-3307 y en el e-mail [email protected]



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