#MeToo y su escaso apoyo en Japón: la cultura del silencio sobre el abuso sexual


Shiori Ito

La periodista Shiori Ito acusa a un reportero de televisión con estrechos vínculos con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, de haberla violado después de que la invitó a cenar para hablar de una oportunidad de trabajo en 2015.

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“Lo último que recordaba era haber ido al baño en el restaurante de sushi”, dice Ito en declaraciones que recoge AFP. La mujer sospecha que el hombre, Noriyuki Yamaguchi, la drogó.

“Cuando recobré el conocimiento, con un dolor intenso, yo estaba en una habitación de hotel y él estaba encima de mí. Yo sabía lo que había sucedido, pero no podía procesarlo”, añade.

Ito denunció el ataque. La policía la humilló ordenándole recrear la violación con una muñeca de tamaño natural. “Yo tuve que tumbarme en el suelo y ellos colocaron la muñeca encima de mí y empezaron a moverla. Me preguntaban si (la violación) había sido algo así y tomaron fotos. Eso fue como una segunda violación”.

La policía tardó semanas en abrir una investigación penal. Y pese a que le dijeron a Ito que iban a arrestar a Yamaguchi, sorpresivamente desistieron.

La periodista ha presentado una demanda civil contra Yamaguchi, que se declara inocente.

Ito hizo público su caso el año pasado y tuvo que pagar un alto precio por atreverse a desafiar la cultura del silencio que caracteriza a Japón cuando se trata de abuso sexual, revela AFP.

La mujer de 28 años recuerda: “Recibí correos electrónicos y mensajes en los que me llamaban una ramera, una prostituta”.

“También hubo amenazas, así que tuve miedo por la vida de mi familia. Estaba asustada. No podía salir”, agrega.

Ito ha publicado un libro sobre su terrible experiencia y hace poco habló acerca de su caso en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.

El caso de la periodista pone de manifiesto que el movimiento mundial #MeToo contra el abuso a las mujeres, creado a partir de las denuncias de acoso y violación contra el productor de cine Harvey Weinstein, no ha tenido en Japón el apoyo que sí ha recogido en otros países.

Es la cultura del silencio.

Rinko Nakajiri fue violada por un productor musical cuando tenía 17 años. “Sucedió en un estudio de grabación a altas horas de la noche”, recuerda. Ella era cantante y estaba aterrorizada. No denunció al violador. Temía que el poderoso hombre enterrara su carrera. Decidió dejar la música después de tres años de abuso sexual.

Han pasado 20 años desde entonces y la mujer, hoy madre y ama de casa, ha decidido hablar alentada por #MeToo.

“Es casi imposible hablar de ello en Japón. Hay un estigma terrible acerca de la violación. La gente prefiere que te reprimas”, dice Nakajiri. A las víctimas se les suele pedir que guarden silencio.

En Japón, sólo el 4 % de las víctimas de violación acude a la policía, según información del gobierno japonés correspondiente a 2015. Actualmente, apenas un tercio de los casos de violación llega a los tribunales. El año pasado, solo 285 de las 1.678 personas juzgadas por delitos sexuales (17 %) fueron condenadas a más de tres años de prisión, según el Ministerio de Justicia.

El caso de la periodista Shiori Ito ha tenido cierta repercusión en Japón, pero no parece que nada vaya a cambiar. Sachi Nakajima, que fue víctima de abuso doméstico y es fundadora de Resiliencia, una organización sin fines de lucro que ayuda a las víctimas de abuso, dice que “el caso de Shiori está causando un poco de ola, pero no es un punto de inflexión. No pasa nada, nadie está detenido, incluso en su caso”.

Nakajima responsabiliza de la situación a la centenaria ley de crímenes sexuales de Japón, que recién el año pasado la Dieta modificó para ampliar la definición de violación y aumentar las condenas a prisión.

“Muchos hombres sienten que tienen derecho sobre los cuerpos de las mujeres”, declara Nakajima a AFP.

Nakajima cree que las mujeres japonesas necesitan empoderarse antes de que las actitudes hacia los delitos sexuales cambien.

Las mujeres en Japón ocupan poco más del 10 % de los escaños en la Cámara Baja de la Dieta, lo que ubica al país asiático en el puesto 158 de 193 evaluados en 2017 por la Unión Interparlamentaria. Hay mucho por hacer. (International Press)


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