Extranjeros en Japón: los peligros de no entender las alertas cuando hay un tifón

Fuji TV


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Un trabajador nepalí y un aprendiz vietnamita fueron dos de las miles de personas afectadas por el tifón Hagibis en Japón en octubre.

Ambos recibieron alertas de evacuación, pero como no pudieron entender los mensajes escritos en japonés decidieron quedarse en sus casas, arriesgando sus vida sin saberlo. Estos casos subrayan la necesidad de crear un sistema de alerta de desastres amigable para los extranjeros, advierte Mainichi Shimbun.

Alrededor del mediodía del 12 de octubre, Chura Mani Lamichhane, un nepalí de 32 años que trabaja en un restaurante indio en la ciudad de Tochigi, escuchó un fuerte ruido que provenía de su smartphone. Era una advertencia emitida por el municipio.

Sin embargo, Lamichhane no podía entender las frases compuestas por caracteres kanji y hiragana. Después llegaron más de diez mensajes, entre ellos un aviso de evacuación y una advertencia de deslizamiento de tierra.

El nepalí decidió quedarse en su apato, situado en un primer piso, con su esposa y su hijo de solo tres meses. Justo después de la medianoche, el agua comenzó a entrar en su habitación. De inmediato la familia huyó y se refugió en el apato de un vecino en el segundo piso.

Escaparon a tiempo. El hombre dice que si lo hubieran intentado dos o tres minutos después probablemente no habrían podido, debido a que la presión del agua habría impedido que abrieran la puerta de su apato.

Nguyen Van Han, un aprendiz vietnamita de 27 años que trabaja como soldador en una planta en la prefectura de Fukushima, estaba en una residencia para trabajadores cerca de la fábrica con dos compañeros de trabajo el 12 de ocubre.

Sabía que se aproximaba el tifón gracias a los noticieros de TV, pero pensó que no era peligroso.

Recibió una alerta en japonés, pero si bien puede mantener una conversación en un japonés simple, su nivel aún no le alcanza para leer o escribir el idioma. Intentó usar una aplicación de traducción, pero no pudo determinar la ubicación de un centro de evacuación descrito en un mensaje.

El vietnamita decidió quedarse en su habitación, pero por suerte el presidente de la compañía donde trabaja, consciente del peligro que corría, fue en su coche a recoger a Nguyen y otros empleados para llevarlos a su casa y ponerlos a salvo.

La habitación del vietnamita quedó cubierto de lodo. Las aguas voltearon los tatamis, un refrigerador y otros piezas del mobiliario. (International Press)


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