Japón libera a tres activistas que abordaron su flota ballenera en la Antártida


Australia rechaza caza de ballenas, pero toma distancia de acciones “peligrosas” de ecologistas


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Japón entregó hoy a Australia los tres activistas que abordaron un barco de la flota ballenera nipona que faena en la Antártida el fin de semana pasado durante una campaña contra la caza de cetáceos, informaron fuentes oficiales.

El trío de la organización ecologista Forest Rescue Australia se encuentra en buen estado de salud y regresará al territorio australiano en el buque Ocean Protector, del servicio aduanero, según fuentes oficiales citadas por la emisora ABC.

Geoffrey Tuxworth, de 47 años, Simon Peterffy, de 44, y Glen Pendlebury, de 27, abordaron la noche del sábado 7 de enero el Shonan Maru 2, un barco de la seguridad de los balleneros japoneses, a unos 40 kilómetros al suroeste de la costa occidental de Australia.

El asalto pretendía conseguir que el Shonan Maru 2 abandonase la persecución del buque Steve Irwin, de la organización ecologista Sea Shepherd.

Una vez en cubierta del navío, los activistas pidieron que les llevasen a tierra, pero en su lugar fueron encerrados.

El Gobierno australiano ha mantenido intensas negociaciones con Japón para lograr su liberación y evitar que fuesen juzgados en un tribunal japonés.

“Defendemos las manifestaciones pacíficas, pero acciones peligrosas en alta mar es algo muy diferente. Exhortamos a ambas partes en este conflicto (balleneros japoneses y activistas) a respetar la ley y mantener la calma”, dijo hoy la fiscal general de Australia, Nicola Roxon.

El Instituto Japonés de Investigación de Cetáceos ha denunciado que el miércoles pasado un grupo de activistas arrojó 20 botellas de ácido butírico, que produce náusea, al Yushin Maru 2 y que intentó inutilizar el timón y la hélice.

Roxon subrayó que Australia se opone a la caza de ballenas, pero señaló que “la violencia y las protestas peligrosas en alta mar no son actos inteligentes”.

El Gobierno australiano presentó ante la Corte Internacional de Justicia una demanda, en 2010, contra el programa japonés de “caza científica” de cetáceos por entender que persigue fines comerciales y no científicos.

Japón reanudó la caza de ballenas en 1987, tras alegar motivos científicos y desde entonces fija de forma unilateral una cuota anual de unos mil ejemplares. (EFE)


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