Una mujer china que se hizo pasar por una huérfana de guerra japonesa, «YUKIKO», ingresó a Japón con sus familiares y defraudó al Estado cobrando el subsidio de subsistencia (seikatsu hogo) durante más de una década, habiendo recibido «decenas de millones de yenes».
El caso, descubierto en 2007 por la Policía Metropolitana de Tokio, no solo reveló un millonario fraude de fondos públicos, sino que expuso el trágico destino de la verdadera ciudadana nipona, quien falleció en China tras ver usurpada su identidad, según narró la web Bengoshi News.
EL FRAUDE DE LA FALSA HUÉRFANA
En 2007, las autoridades detuvieron a 12 ciudadanos chinos por estafa e infracción de la Ley de Control de Inmigración. La cabecilla se había hecho pasar a principios de la década de 1990 por «Yukiko» (seudónimo) una de las huérfanas abandonadas en China tras la Segunda Guerra Mundial. La falta de registros y las dificultades en la confirmación de identidad de la época facilitaron que el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar le otorgara la nacionalidad y el permiso de entrada.
Aprovechando la normativa de reunificación familiar de entonces, la mujer introdujo a más de una decena de parientes con el estatus de residente de larga duración. La impostora regresó a China, pero sus familiares permanecieron en Japón y solicitaron el subsidio de subsistencia (seikatsu hogo) en las oficinas de bienestar.
Sin hablar japonés y ocultando ingresos de trabajos informales, el grupo percibió fraudulentamente decenas de millones de yenes durante más de diez años.
LA TRÁGICA VIDA DE LA VERDADERA YUKIKO
La auténtica Yukiko nació en Fukuoka en 1929. A los 13 años fue llevada a Manchuria, donde quedó sola y desamparada tras el fin de la guerra en 1945. Para sobrevivir, se casó en China y se integró por completo a la vida rural en la provincia de Shaanxi, perdiendo el uso del idioma japonés.
En 2002, ya en la vejez, solicitó ayuda para buscar a sus familiares en Japón. Sin embargo, la administración japonesa rechazó inicialmente su petición argumentando que «Yukiko» ya había retornado de forma permanente en los años noventa.
Tras investigaciones de voluntarios y una prueba de ADN en 2005, el gobierno admitió que ella era la verdadera. Yukiko viajó a Japón en 2006 para un breve reencuentro con sus parientes en Fukuoka, pero decidió regresar a su hogar en China, donde falleció en 2018 a los 89 años.
ADMINISTRACIÓN SEGMENTADA Y VACÍOS LEGALES
El fraude se vio favorecido por la urgencia de la repatriación humanitaria en las décadas de 1980 y 1990, cuando no existían pruebas de ADN y los intermediarios falsificaban documentos. Una vez que el Ministerio de Justicia o Inmigración otorgaba el estatus de residente, las oficinas de bienestar locales aprobaban el beneficio basándose únicamente en la falta de recursos, sin capacidad para revisar el historial migratorio.
La abogada de extranjería Ai Yoshinaga relató a Bengoshi News haber enfrentado un caso idéntico en el que se vio obligada a recoger huellas dactilares y testimonios en aldeas chinas para demostrar que el verdadero beneficiario seguía en el continente, mientras un impostor vivía en Japón bajo su nombre.
CAMBIOS EN LA ASISTENCIA Y CONTROL
Yoshinaga señala que el apoyo estatal e histórico se ha reducido significativamente con los años. En los años ochenta, el Estado asumía la vivienda y el sustento de los retornados; posteriormente, la carga se transfirió a las familias bajo el concepto de «responsabilidad propia». Esto, según expertos, facilitó la proliferación de redes ilícitas ante la falta de canales formales y seguros.
Tras este caso y el escándalo de solicitudes masivas en Osaka en 2010, el Ministerio de Salud y la Agencia de Servicios Migratorios reforzaron la fiscalización. Actualmente, se exige la verificación de los garantes de identidad y se investiga exhaustivamente la capacidad económica de los allegados antes de otorgar el subsidio de subsistencia.
No obstante y pese a la solución del caso, los partidos conservadores y nacionalistas utilizaron el tema en su campaña electoral en 2025 denunciando fraudes y abusos del seikatsu hogo por los extranjeros. (RI/AG/IP/)
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