
Mutsuko Takagi, una mujer de 82 años residente de la ciudad de Toyama, depende de tomar su tratamiento cinco veces al día acompañado de agua con limón para acelerar su asimilación estomacal.
Diagnosticada hace más de dos décadas con la enfermedad de Parkinson, Takagi explica que, si olvida una sola dosis, sus fuerzas se desploman por completo y queda imposibilitada para realizar cualquier movimiento ordinario.
Esta patología de carácter progresivo, desatada por la disminución del neurotransmisor dopamina en el cerebro que provoca temblores y rigidez muscular, afecta a cerca de 250.000 personas en Japón de acuerdo con el censo de salud ejecutado hace tres años por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar.
Sin embargo, la disponibilidad de este insumo vital para miles de pacientes se encuentra actualmente bajo una grave señal de alerta debido a las asimetrías del esquema de regulación médica local.
La preocupación por un potencial desabastecimiento generalizado escaló hasta el debate parlamentario en la Cámara de Diputados en marzo de este año. Durante las sesiones del Comité de Presupuesto, el legislador Shinji Nagatomo, perteneciente al Partido Democrático para el Pueblo, alertó que la corporación encargada de asumir cerca del 90% del mercado nacional enfrenta severas dificultades financieras para continuar con la producción de las tabletas combinadas de levodopa-carbidopa, comercializadas popularmente bajo la denominación de tabletas combinadas Dopacol (dopakoru haigojo).
Este medicamento crítico es manufacturado en la prefectura de Toyama por la farmacéutica Daito, cuyo modelo de negocio se encuentra contra las cuerdas por presiones externas.
EL RÍGIDO SISTEMA DE PRECIOS
El presidente de la firma Daito, Hiroshi Matsumori, señaló a la prensa que el núcleo de la problemática radica en el rígido sistema de precios de los medicamentos impuesto por el Estado japonés. Bajo este mecanismo de control, diseñado con el propósito original de mitigar el gasto médico del presupuesto público, las tarifas de los fármacos de uso prolongado experimentan reducciones obligatorias año tras año.
Las tabletas de Dopacol, que inicialmente debutaron en el mercado con un costo regulado de 64,40 yenes por unidad, sufrieron un desplome institucional a 11,60 yenes hace una década, alcanzando en la actualidad la cifra mínima de 7,90 yenes por tableta, un valor nominal que ya se sitúa por debajo de los costos reales de fabricación y distribución.
A medida que los márgenes de ganancia se vuelven negativos, los laboratorios competidores abandonan paulatinamente la producción por falta de rentabilidad, provocando que toda la demanda y la responsabilidad social del suministro se concentren de golpe en la única empresa que decide resistir para no desamparar al mercado.
El directivo de la farmacéutica Daito, argumenta que resulta éticamente inviable abandonar un fármaco del que depende el 75% de los enfermos del país.
En la actualidad, apenas cuatro empresas continúan elaborando el producto en todo el país. Para complicar el panorama, el fabricante de la fórmula original anunció el cese definitivo de sus ventas para en junio, un movimiento comercial que empujará de forma abrupta la participación de mercado de Daito desde el 75% actual hasta un insostenible 90%.
Los balances comerciales de Daito reflejan que 27 de sus 122 productos terminados, equivalentes a casi el 20% de su catálogo activo, operan en un estado de insostenibilidad financiera debido a los recortes de precios oficiales.
El directivo argumenta que, aunque cerrar las líneas deficitarias y sustituirlas por productos de alto valor añadido sería la decisión empresarial lógica para sanear la administración, resulta éticamente inviable abandonar un fármaco del que depende el 75% de los enfermos del país.
Ante este escenario, la farmacéutica ha solicitado formalmente al Ejecutivo central que incluya al Dopacol dentro del programa de «reevaluación de productos no rentables» para elevar su precio oficial, advirtiendo que el caso de este medicamento es tan solo la punta del iceberg de una crisis estructural que afecta a múltiples terapias destinadas a enfermedades crónicas en la nación.
A la presión regulatoria del gobierno japonés se suma el encarecimiento global de las materias primas derivado de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, un incremento de costos operativos que los laboratorios no pueden trasladar al precio de venta final debido al control estatal. (RI/AG/IP/)
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