El mejor regalo. Por Kike Ponze*

A comienzos del año fiscal japonés se obliga a un examen médico en los centros de trabajo, en todos y a todos sin excepción. Es un examen básico pagado por la empresa, si uno desea hacerse otro o profundizar alguno del básico corre por cuenta propia. También a comienzo de cada año llega un sobre de la prefectura donde se reside, según la edad, se puede uno hacer algunas pruebas a precios realmente simbólicos.

Este año, pasé por una experiencia alucinante, pensé que entraba a ser víctima de tráfico de órganos… sí, mucha película, pero los hechos concordaban.

Bueno, en los resultados de mi examen el médico me recomendó, hacerme otro, no lo tomé como algo urgente. A mediados de octubre último me llegó un aviso de la empresa, me pedían un certificado médico donde dijese que estaba apto para seguir trabajando. Me sorprendió, pero aprovechando que estaba en el límite de horas extras, llamé ese día a la misma clínica donde me hicieron el examen médico y pedí cita para el sábado, último día del mes.

El médico me indicó que necesitaba una colonoscopia, la fecha combinada fue a mediados de noviembre. Y vean lo que pasó:

Ese día la enfermera mientras me ponía una inyección en el brazo, y ya en el módulo, me preguntó por mi familia, respondiéndole que era divorciado, que vivía solo y blablablá (imagino el calmante que me inyectó más el miedo natural del momento, me puso muy locuaz en detalles de mi vida privada). Durante el examen, la enfermera le contaba al médico nuestra conversación y este le preguntó si mi ex era japonesa. Yo estaba concentrado en el monitor viendo el interior de mi intestino.

Terminado el examen y ya en la sala de espera, siendo el último paciente, pasé al despacho, el médico me dijo que era urgente que fuese a un hospital porque tenía un pólipo grande y allá me atenderían mejor. Incluso me dijo el hospital al que me enviaría. Quedaba a más de dos horas de mi casa, le pedí que me enviara a uno de mi ciudad, lo cual se negó. También me dijo que era mejor ir acompañado de un traductor. El lunes me llamaron por teléfono de la clínica y me dieron fecha, primera semana de diciembre.

Entonces me hice la película. Saben que estoy solo y mi ex no es japonesa; me mandan a un hospital a más de dos horas de mi casa; algo “raro” en los hospitales…

En la búsqueda de traductor, mandé un mensaje de texto a la hija de una familia amiga. Me respondió, que estaba ocupada y en la tarde me llamaría para conversar porque en los hospitales pasa algo que debo saber.

Entonces me hice la película. Saben que estoy solo y mi ex no es japonesa; me mandan a un hospital a más de dos horas de mi casa; algo “raro” pasa en los hospitales, todo es un plan. No, pensé, a mí me ponen una sobredosis de anestesia, me dan muerte cerebral, al no tener a nadie, mis órganos pasan a donación y lo que sobre al incinerador. Soy el candidato ideal para alguna organización de tráfico de órganos cuyos clientes millonarios van a pagar un dineral al recibir el órgano que necesitan.

Digresión: El hospital era uno cercano a mi trabajo y a la clínica. Es un centro médico muy bueno por averiguaciones hechas entre compañeros de trabajo. La cosa “rara” que debía cuidarme en los hospitales es un tema administrativo, de lo cual no vale la pena entrar en detalles ahora.

Estoy a pocos días de entrar a quirófano y me asaltan los miedos cada tanto, a pesar de que el médico me dio una buena explicación de mi situación. Aún no corro riesgo alguno ya que no hay síntomas (dolor, estreñimiento, inapetencia, etc.)  y mi operación sería ambulatoria. Ese día me acompañará un buen amigo japonés y jefe en la empresa donde trabajo pues era su día de descanso. El día de la operación un buen amigo estará en la sala de espera para llevarme a casa al terminar.

Lo importante de mi relato. Hay que ser conscientes de la medicina preventiva, esos exámenes médicos de la empresa, esas campañas a comienzo de año de las prefecturas son parte de ella. Algunas personas son indiferentes y los evaden con pretextos y solo consumen calmantes cuando tienen algún dolor. El dolor es un síntoma no una enfermedad.

Ese es el mejor regalo que nos podemos dar, estar pendientes de nuestra salud en nuestro paso por este mundo.

Nos seguimos leyendo.

 

(*) Kike Ponze, periodista, inmigrante en Japón.

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