“Japón actuó como si el virus hubiera desaparecido”

Shinzo Abe (Kantei)

Cuando Japón aparentemente había logrado controlar la propagación del coronavirus, varios medios internacionales elogiaron al país asiático e intentaron desentrañar las claves de su “éxito”, sin cuarentenas estrictas ni un gran número de pruebas. El ministro de Finanzas, Taro Aso, llegó a jactarse del “alto nivel cultural” de los japoneses para explicar la situación.

Sin embargo, Japón está sufriendo una nueva ola, con cifras récord de infecciones diarias. Con los más de 1.300 casos detectados el domingo, el total acumulado bordea los 40 mil.

¿Qué ha ocurrido para que Japón pase del “éxito” al descontrol?

La agencia de noticias Bloomberg ensaya varias respuestas en un artículo titulado “Japón actuó como si el virus hubiera desaparecido. Ahora se extiende por todas partes”.

Expertos consultados sostienen que el hecho de que Japón haya priorizado la economía puede haber sido su “perdición”.

“Japón corre el riesgo de convertirse en una advertencia de lo que sucede cuando un país se mueve demasiado rápido para normalizarse”, advierte Bloomberg.

A diferencia de países de Europa y América Latina que impusieron cuarentenas duras, Japón estableció un estado de emergencia que no obligaba a las personas a quedarse en casa ni a los negocios a cerrar.

Cuando el virus parecía aplacado, el gobierno levantó el estado de emergencia y comenzó a reactivar la economía.

En junio, los restaurantes y bares estaban completamente abiertos.

¿Muy rápido?

«Este es el resultado de que el gobierno priorice la actividad económica», dijo Yoshihito Niki, profesor de enfermedades infecciosas, en alusión al nuevo rebrote del virus.

Es posible que el estado de emergencia se haya levantado demasiado pronto, antes de que los casos hayan disminuido lo suficiente, según expertos.

Además, los planes de reapertura han sido deficientes y las autoridades no han sabido reaccionar con rapidez ante los rebrotes, muchos de los cuales han tenido su origen en clubes nocturnos.

La gente en Japón sigue usando mascarillas, pero los nuevos casos se están produciendo, en gran medida, en reuniones grupales donde las personas se juntan para comer y beber con la cara descubierta.

Por otro lado, las contradicciones entre el gobierno central y las autoridades locales empeoran la situación. Mientras la gobernadora de Tokio, Yuriko Koike, insta a los residentes de la capital a no viajar, el gobierno nacional promueve una campaña de turismo interno del que, a último momento, excluyó a Tokio.

Bloomberg revela que Shigeru Omi, el jefe del panel de expertos que asesora al gobierno, solicitó que la campaña se aplazara ante el repunte de casos de coronavirus. Sin embargo, fue ignorado.

Si el gobierno nacional no actúa con la suficiente rapidez o firmeza, las autoridades locales están tomando las riendas. Okinawa, por ejemplo, se ha declarado en emergencia hasta el 15 de agosto. Koike no ha descartado declarar a Tokio en emergencia.

«El gobierno central no ha mostrado una orientación y una estrategia claras sobre qué hacer con el coronavirus, y está trasladando la responsabilidad a los gobiernos locales», advierte Haruka Sakamoto, investigadora de salud pública de la Universidad de Tokio.

El miedo a una mayor expansión del virus en Japón crece este mes debido a que en el periodo vacacional de Obon, a mediados de agosto, muchos jóvenes japoneses retornan a su tierra natal a visitar a sus padres, a menudo personas mayores. (International Press)

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