“No he ganado nada con el Abenomics”

Foto Kantei

La economía de Japón ha mejorado con el primer ministro Shinzo Abe al mando (en el poder desde 2012). Eso dicen las cifras. Sin embargo, hay japoneses que no sienten la mejoría y enfrentan dificultades para salir adelante.


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Bloomberg ha recogido algunos testimonios:

Takeshi Kikawa es un taxista de 73 años que vive en la prefectura de Akita (la prefectura con la mayor proporción de ancianos en Japón, la tasa de natalidad más baja y la tasa de mortalidad más alta). Su vida es una lucha constante por llegar a fin de mes.

Kikawa vive con su esposa y su hijo. El hombre consiguió un respiro gracias a que pudo refinanciar su préstamo hipotecario y ahorrarse alrededor de 30.000 yenes (270 dólares) al mes, aproximadamente un tercio de lo que gana como conductor.

El taxista quiere trabajar hasta donde le sea posible, pues no tiene ahorros ni plan de jubilación.

Un poco mejor le va a la pareja formada por Hiroyuki y Machiko Hayashi, que vive en la ciudad de Utsunomiya, prefectura de Tochigi.

Ella es profesora en una escuela pública y tiene estabilidad laboral. Al menos en ese aspecto no tiene nada de lo que preocuparse. Eso la hace sentirse segura.

Con él es diferente. Es fotógrafo de bodas y pertenece a ese amplio sector de trabajadores en Japón marcado por la incertidumbre (más de un tercio de la fuerza laboral en Japón está atrapada en empleos temporales de baja paga, revela Bloomberg).

Su trabajo le ha permitido ver de cerca la creciente división económica en Japón, que se refleja en las bodas que fotografía. Mientras algunos gastan mucho dinero, otros no pueden permitirse costear una recepción. “Verdaderamente hay una distancia creciente entre las clases altas y bajas en Japón”, dice.

Los Hayashi sacaron una hipoteca a 35 años para construir una casa cerca de la estación de Utsunomiya el año pasado.

Tomoaki Nagai tiene una fábrica de piezas metálicas cerca de Osaka. Si las ganancias de las grandes compañías exportadoras han subido gracias al debilitamiento del yen, los fabricantes más pequeños, como Nagai, que tradicionalmente ha suministrado piezas a los grandes, luchan para no caer.

Las compañías grandes son implacables exigiendo piezas cada vez más baratas, cuenta él. Eso lo perjudica, por supuesto, y sus ingresos llevan años reduciéndose. Cada año, Nagai ve más y más tiendas a su alrededor cerrando sus puertas.

“No he ganado nada con el Abenomics”, afirma.

Nagai usó la mayor parte de sus ahorros para sobreponerse a la crisis financiera mundial. Ahora solo subsiste. “Antes pensaba que no había forma de que terminara en un asilo para ancianos, pero ahora envidio a los que pueden permitirse el lujo de entrar en uno. Yo no tengo el dinero para eso. Tendré que trabajar hasta donde pueda”, dice el hombre de 68 años.

No todo es negativo, sin embargo. Hay gente que sí ha mejorado con Abe.

Una de esas personas es Atsuko Kinjo, una mujer que reside en la prefectura de Okinawa y que se ha beneficiado de la bonanza del turismo en Japón. La caída del yen hace de Japón un país más accesible para los visitantes extranjeros.

Kinjo ha convertido el segundo piso de la casa que tiene con su esposo en un alojamiento para turistas. Con el dinero que genera puede pagar los gastos de su hija, que estudia en una universidad en Tokio.

El negocio ha sido una bendición para ellos, porque vivir solo de las pensiones es difícil.

Mami Ichikawa tiene 39 años y es planificadora financiera de Mitsui Sumitomo Aioi Life Insurance, con sede en Tokio.

La mujer perdió su trabajo de ventas a raíz de la crisis financiera mundial, pero comenzó a estudiar inversiones para estar mejor preparada financieramente.

Buena decisión. Sus ingresos por comisión como planificadora financiera se han duplicado en los últimos cinco años.

El mercado laboral ahora es más flexible y hay más opciones. La escasez de trabajadores en Japón está obligando a las empresas que antes solo contrataban a recién graduados a reclutar a personas de mediana edad. Ahora es más posible que nunca cambiar de trabajo, resalta Bloomberg.

Ichikawa confirma que actualmente hay más opciones de trabajo que antes. “Si te esfuerzas, consigues resultados”, afirma. (International Press)


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