Japoneses se apasionan por Kuntur Wasi, otro centro arqueológico peruano

Forman una asociación de apoyo a su conservación y promoción que realizó su segunda reunión anual en Tokio.

Japoneses muestran el jaguar estampado en la camiseta de Kuntur Wasi

Luis Álvarez/International Press


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Kuntur Wasi, uno de los centros ceremoniales más importantes de la civilización andina con 3.000 años de antigüedad, puede convertirse en uno de los temas históricos más atractivos para los japoneses y en otro referentes arqueológicos del Perú tan importantes como Machu Picchu y las Líneas de Nasca.

Esa fue la impresión que dejó el segundo encuentro anual de KEUNOKAI, la asociación que ha reunido a 120 importantes personajes japoneses del sector privado, público y académico para apoyar la conservación y promoción de ese centro ubicado en la cima del cerro La Copa, en el pueblo de San Pablo, en la provincia de Cajamarca.

El encuentro tuvo lugar el sábado 27 de noviembre en el salón de la residencia oficial del embajador peruano, Juan Carlos Capuñay, en Tokio donde se informó sobre el estado de Kuntur Wasi, la más reciente remodelación del museo de sitio ubicado en el pueblo de San Pablo en Cajamarca, el desarrollo de las vías de acceso a la zona y la importancia del trabajo de los arqueólogos japoneses y la participación de los propios lugareños en la conservación del museo y de su rico legado en piezas de cerámica y oro.

Kuntur Wasi, que en español significa “La casa del cóndor”, fue avistado por primera vez en 1946 y no fue hasta 1988 que pudo excavarse con la llegada de una misión japonesa encabezada por los profesores Yoshio Onuki y Yasutake Abe.

Al dirigirse a los presentes en el encuentro, Onuki, ha explicado maravillado el importante desarrollo vial que está permitiendo el fácil acceso de turistas a la zona y cómo este avance está permitiendo la conexión con otros centros arqueológicos del norte del Perú ubicados en las provincias Trujillo y Chiclayo donde se encuentran las ruinas de Chan Chan y Kotosh.

Onuki ha sido testigo de cómo ha ido evolucionando la zona desde que en 1989 halló la llamada “Corona de las catorce caras”, quizá una de las piezas de oro más antiguas del Perú.

“Y cada año se construye algo nuevo”, dijo Onuki con la ilusión de que llegue más turismo local y japonés. “Perú no es solo Nazca y Pachu Picchu”, expresó el arqueólogo ante el aplauso de los asistentes.

LOS NUEVOS DATOS DE KUNTUR WASI
En el encuentro el arqueólogo japonés Kinya Inoukuchi informó sobre los hechos que muestran el creciente interés por Kuntur Wasi en Perú como, por ejemplo, la reciente publicación del libro “Las cronologías del formativo, 50 años de investigaciones japoneses en perspectiva” (Peter Kaulicke, Editorial PUC, 2010) y de la producción en un vídeo titulado “Kuntur Wasi, centro ceremonial” con la narración en off de Elena Guevara, una de las locutoras más famosas de Radioprogramas del Perú.

Se presentaron los modelos de las camisetas con la imagen de un jaguar que representa a Kuntur Wasi cuya venta servirá para financiar las actividades de conservación en Perú y la impresión de 5.000 panfletos finamente diseñados con fotografías e importantes datos que explican la trascendencia histórica del lugar.

De esta manera se sabe que fue el conocido arqueólogo peruano Julio C. Tello quien en 1946 envió “el primer equipo de expertos para estudiar el cerro La Copa donde se había hallado un monolito” y que entre 1982 y 1983 una misión alemana levantó un plano topográfico de la zona, pero que no excavó nada.

En 1988 es que desembarca la misión japonesa dirigida por Onuki y  Abe, quienes hasta 2003 realizaron un paciente trabajo, junto a otros arqueólogos japoneses y peruanos, que los llevó a desvelar el misterio de un centro ceremonial que el antiguo hombre andino empezó a construir 950-800 años antes de Cristo.

Uno de esos secretos tiene que ver con la arquitectura del centro y su relación con las ocho tumbas encontradas “intactas” y rodeadas de piezas de oro, cerámica y otros objetos preciosos. Tras cada entierro se construía una nueva plataforma sobre la estructura anterior y se erguía un nuevo templo, así hasta que se construyeron muros de contención por los cuatro lados y se concluyó la plataforma central con una escalera de acceso.

Los japoneses se han apasionados con estas historias y muchos de los miembros que integran la asociación KEUNOKAI ya han estado en Kuntur Wasi y estudiado in situ con la atención y dedicación de un experto. Será por eso que siguen con tanta atención la manera en que el propio pueblo de San Pablo se involucra con su pasado y trabaja para conservarlo.

HOMENAJE A KUNTUR WASI Y ONUKI
En la reunión del sábado se proyectaron imágenes que muestran el trabajo comunal de los ciudadanos de San Pablo que participan en la administración y refacción del museo de sitio que fue construido por ellos mismos, con apoyo japonés, en 1994.

En octubre de este año, hombres y mujeres del pueblo participaron en el reemplazo de las 6.336 tejas del techo del museo, con ayuda de la asociación japonesa.

“Kuntur Wasi es el mejor ejemplo de cómo la actividad privada, los académicos y el Estado pueden trabajar de manera conjunta en el desarrollo de un pueblo”, destacó el embajador Capuñay en su discurso de apertura de la reunión de KEUNOKAI.

Al referirse a trascendencia de Kuntur Wasi, Capuñay sostuvo que “la labor de Yoshio Onuki y de otros arqueólogos nos permite entender mejor el pasado, valorar el presente y ver con mayor esperanza el futuro que el Perú puede tener”.

Al mismo tiempo, el embajador rindió su “homenaje personal y profesional” al arqueólogo Onuki de quien dijo que “habla como peruano, canta como peruano, baila como peruano, (en suma) él es un peruano”.

El encuentro continuó con al apoyo musical del grupo folclórico Chaquezán y con un bufé de comida tradicional peruana preparada por el chef Percy Bustamante quien brilló con un cebiche clásico con pescado fresco, tiradito de salmón, ocopa, causa limeña, arroz con pollo, ají de gallina, asado de chancho, papa rellena y tamales.

Bustamente cerró el bufé con mazamorra morada con frutas, pionono y alfajores. El brindis fue con pisco sour y vino peruano.


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