Las consultas para disolver los vínculos entre padres e hijos, práctica conocida como kazokujimai, se han multiplicado por seis en Japón. Impulsados por el rechazo al oinige —padres tóxicos que usan la vejez para exigir cuidados sin disculparse por abusos pasados—, cada vez más jóvenes de 20 y 30 años contratan costosos servicios de sustitución familiar para romper lazos definitivamente.
Un hombre de 60 años ejecutó recientemente un kazokujimai, reportó la cadena local YTV. Criado por una madre soltera, convivió con ella, su esposa y tres hijos hasta que los conflictos entre suegra y nuera lo obligaron a mudarse. Continuó visitando a su madre, pero ella comenzó a dudar de la fidelidad de la esposa porque el hombre y sus antepasados sufrían calvicie, pero su hijo mayor no. «No es tu hijo. Es el hijo de cuando tu mujer te fue infiel», le recriminó.
La madre exigió pruebas de sangre y ADN. El hombre realizó el examen, probando la paternidad con casi un 100 % de probabilidad. Sin embargo, la mamá rechazó los resultados alegando falsificación y lanzó un ultimátum extremo: divorciarse para volver vivir con ella o pagar 60 millones de yenes por los gastos de su crianza.
Para aliviar la carga mental del hombre, la esposa propuso aceptar el divorcio. Él continuó apoyando a su madre, pero su percepción cambió. «Hasta ahora, sin importar lo que me dijera, pensaba en evadirlo porque es mi madre, pero llegó un momento en que pensé: ‘Ya no puedo vivir con esta madre. No quiero estar en el mismo espacio’. Hablo con una sonrisa, pero mis sentimientos generan una reacción de rechazo», confesó.
El hombre cortó todo contacto mudándose sin revelar su nueva dirección. Al ser consultado sobre si se arrepiente, respondió: «Me crió… pero ahora pienso que fue lo mejor». Se volverá a casar con su exesposa en 2027.
AUMENTO DE CONSULTAS Y RECHAZO AL «OINIGE»
Las consultas sobre kazokujimai experimentan un aumento drástico, según la institución Life Management Network (Red de Gestión de Vida), dirigida por Hideki Endo. Entre enero y marzo de 2022 se registraron 55 casos, mientras que en el mismo periodo de 2026 la cifra alcanzó los 320. El 80 % de estos contactos busca disolver la familia.
El perfil del solicitante cambió. Antes predominaban personas de 60 y 70 años lidiando con padres estrictos o con valores de predominio masculino. Hoy, el 40 % de las consultas proviene de jóvenes de 20 y 30 años víctimas de negligencia, acoso moral o violencia doméstica por parte de padres tóxicos.
Endo, señala que esta generación advierte que «no perdonará el oinige de sus padres». Este experto define este término también como una fuga de las responsabilidades que los padres no quieren asumir en la vejez: «Padres que han lastimado a sus hijos con abusos o interferencias excesivas y que, sin reconocer sus errores ni pedir perdón, simplemente mueren endosando la carga de los cuidados a sus hijos».
PAGAR PARA ESCAPAR DEL MIEDO FAMILIAR
La organización de Endo cobra por asumir el rol familiar en cuidados, acompañamiento final y funerales de los padres. Muchos clientes contratan el servicio a cambio de no volver a ver a sus progenitores jamás.
El servicio requiere una tarifa de registro inicial de 550.000 yenes. El soporte diario cuesta 11.000 yenes por visita de hasta cuatro horas, cubriendo emergencias y trámites de asilos. Los clientes utilizan el servicio entre 1 y 1,5 veces al mes en promedio.
Sobre la disposición a pagar estas sumas, Endo explica: «Hay un deseo imperioso de escapar y liberarse de los contactos y preocupaciones diarias. Existe un sentimiento de terror, de ‘no saber qué harán’ si se les sigue ignorando. Y, aunque la relación esté completamente rota, quedan sentimientos ineludibles hacia los padres». (RI/AG/IP/)
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