
La ciudad de Kitakyushu, prefectura de Fukuoka, implementará en 2026 un programa para promover la convivencia con extranjeros mediante coordinadores comunitarios, en respuesta al aumento de residentes extranjeros y tensiones sociales recientes.
El plan contempla la asignación de dos coordinadores multiculturales encargados de identificar necesidades de japoneses y extranjeros, y desarrollar actividades de intercambio en comunidades específicas.
Kitakyushu cuenta con 17.000 residentes extranjeros, equivalentes al 1,88% de la población, lo que representa un aumento de 6.000 personas en la última década.
Hasta ahora, la ciudad ha trabajado con la Asociación Internacional de Kitakyushu en servicios como información multilingüe, asesoría y educación en idioma japonés.
Sin embargo, autoridades locales advierten sobre situaciones que “podrían interpretarse como exclusión hacia los extranjeros”, vinculadas a la falta de contacto entre comunidades.
El gobierno municipal considera que el desconocimiento sobre quiénes son los residentes extranjeros genera “temores sin base real”, por lo que busca fomentar el entendimiento mutuo.
Para ello, el presupuesto del nuevo año fiscal incluye 15 millones de yenes (unos 100.000 dólares) destinados a la implementación del programa en dos zonas piloto.
La iniciativa será gestionada a través de la asociación internacional, con el objetivo de crear proyectos adaptados a las características de cada comunidad.
La jefa de política internacional, Megumi Kurachi, afirmó: “Los extranjeros también son ciudadanos importantes. Queremos avanzar, aunque sea con ensayo y error, hacia una sociedad donde todos prosperen juntos”.
LA EXPERIENCIA DE ISESAKI
En Japón existen antecedentes de integración, como en la ciudad de Isesaki, prefectura de Gunma, donde durante la pandemia se implementó el sistema de “personas clave (Key persons)”.
En ese modelo, el gobierno seleccionó a residentes extranjeros de los principales colectivos, como Perú, Brasil y Vietnam, para actuar como intermediarios entre sus comunidades y las autoridades locales.
Estos representantes participaban en reuniones con el municipio, transmitían información oficial y recogían inquietudes y necesidades específicas de cada grupo migrante.
A diferencia de Kitakyushu, donde el municipio impulsa coordinadores para intervenir directamente en comunidades, el caso de Isesaki se basó en un enfoque colaborativo sustentado en la representación de los principales grupos extranjeros.
Ambas iniciativas reflejan un cambio gradual en Japón hacia modelos más activos de integración, en un contexto de aumento sostenido de población extranjera. (RI/International Press)
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