En plena campaña para las elecciones al Senado del 20 de julio, el primer ministro japonés Shigeru Ishiba ofreció un discurso en Kawaguchi, Saitama, ciudad con la mayor proporción de extranjeros en Japón, donde la inmigración «fue el sexto y último tema abordado», lo que generó decepción y malestar entre los ciudadanos que esperaban una posición más clara, dijo el diario Sankei. En la ciudad hay un fuerte enfrentamiento entre autoridades y colectivos locales e inmigrantes kurdos.
Durante 17 minutos de intervención en apoyo a un candidato oficialista, Ishiba habló de diplomacia, inflación, impuestos, prevención de desastres y precios del arroz. Solo al final mencionó el tema migratorio: «Es importante que quienes vienen del extranjero respeten nuestras reglas y costumbres para que podamos convivir”, declaró. Luego agregó: “No se resuelve nada con odio ni con ataques”.
La reacción de los asistentes no se hizo esperar. En una ciudad donde el 8,4 % de los habitantes —más de 51.000 personas— son extranjeros, muchos esperaban un mensaje más contundente. «Aquí no basta con pedir que respeten las reglas. Hay que hacerlas respetar, y el primer ministro debería haberlo dicho sin rodeos», criticó un comerciante local que vive cerca de una zona de alta concentración kurda.
Kawaguchi ha estado en el centro del debate migratorio tras la detención de un adolescente kurdo que lanzó pirotecnia en un centro comercial en 2023 y por otro joven de la misma nacionalidad acusado de violación sexual. Ese mismo lugar fue escenario del mitin de Ishiba del pasado 5 de julio. Desde entonces, ha aumentado la percepción de inseguridad: una encuesta municipal reciente indica que el 49 % de los ciudadanos cree que la situación se ha deteriorado.
El discurso de Ishiba contrasta con el del diputado Yoshitaka Shindo, quien lo precedió en el acto y afirmó: “Quien no respete las reglas, no tiene lugar en este país”. Esa línea dura, que resuena con la retórica de Sanseito, parece ganar terreno dentro del oficialismo, que busca frenar la fuga de votos hacia la ultraderecha.
En la calle, opiniones encontradas: desde quienes insisten en la necesidad de convivencia hasta madres preocupadas por dejar salir solas a sus hijas tras las 19:00 horas cuando —afirman— “el parque se llena de extranjeros”. Una vecina de 30 años resumió el desencanto: “Cuando dijo ‘Kawaguchi’, creí que hablaría del problema, pero se desvió con una película vieja. Fue una oportunidad perdida”.
Mientras Sanseito endurece su discurso y gana adeptos con mensajes xenófobos, la derecha tradicional reacciona con tibieza, temerosa de perder centralidad pero sin asumir con claridad el control del debate migratorio. En el centro de esta tensión, quedan comunidades como Kawaguchi, donde la convivencia se vuelve cada vez más frágil y politizada. (RI/AG/IP/)
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