Rafa Nadal, diez veces leyenda de la tierra

Foto Tourism Victoria

Luis Miguel Pascual / EFE

A la leyenda de Rafael Nadal le surgió un nuevo ribete, el décimo triunfo de Roland Garros que engrandece aun más su hegemonía sobre la tierra batida y le sitúa un escalón más alto en la historia del tenis.

Ningún hombre había conseguido nunca tal dominio sobre un mismo Grand Slam y hay que desempolvar los manuscritos de la historia para encontrar a la australiana Margaret Court, que ganó 11 veces el Abierto de Australia entre 1960 y 1973, cuando el tenis distaba de ser el deporte tan competitivo en que se ha convertido hoy.

Nadal ha escrito su mito en los tiempos del suizo Roger Federer y del serbio Novak Djokovic, dos de los mejores tenistas de la historia, lo que engrandece todavía más su gesta.

La victoria contra el suizo Stan Wawrinka, 6-2, 6-3 y 6-1 en dos horas y cinco minutos, puso la guinda a su décima victoria, que por muchos motivos pareció la más plácida de las conquistadas en la tierra batida de París.

Fue la tercera sin perder un set, tras las de 2008 y 2010, la quinta en toda la historia, y la que logró cediendo menos juegos, 35, solo tres más que el récord absoluto que marcó en 1978 el sueco Bjorn Borg.

El español no lloró en la pista, pero su mirada estaba perdida en el horizonte, como si por vez primera se diera cuenta de la gigantesca magnitud de su obra.

Roland Garros también se rindió a su hazaña, como los 15.000 espectadores de la Philippe Chatrier, que inclinaron su cabeza en señal de homenaje y batieron palmas a rabiar después de que las pantallas de la pista rememoraran las 10 bolas de partido del español como homenaje a su magna obra.

El décimo fue un triunfo especial porque llegaba tras dos años de sequía, el periodo más largo sin triunfo en Roland Garros del mallorquín desde que en 2005 comenzó, con 19 años, su hegemonía en el torneo.

Nadal demostró que es un deportista sin par, capaz de retornar a la élite cuando muchos le daban por acabado, superando contratiempos y lesiones, con una única meta en su timón, la de mejorar cada día en pos de la victoria.

Así construyó su “décima”, un triunfo especial que comenzó a labrar cuando hace un año abandonaba entre lágrimas Roland Garros con una lesión de muñeca que le impedía rendir al cien por ciento.

Ese día, Nadal se marcó como objetivo regresar y, con la voz entrecortada por la pena, firmó ese compromiso que hoy cumplió en su pista predilecta.

Nadal volvió por la puerta más grande. Su triunfo en París le devolverá al número 2 del mundo por vez primera desde octubre de 2014, con Wimbledon en el horizonte y la opción de destronar al británico Andy Murray.

Además, Nadal tiene ya asegurada su presencia en el Torneo de Maestros que enfrenta a final de temporada a los 8 mejores del año.

El español vuelve a pelear con los mejores. Sumó su decimoquinto Grand Slam, tras haberse quedado con la miel en los labios en el Abierto de Australia, donde perdió en la final contra el suizo Roger Federer, el único tenista de todos los tiempos que suma más que él, 18, un cara a cara que vuelve a estar de actualidad.

Nadal ha sido, hasta ahora, el mejor tenista del año, con 44 triunfos en 50 partidos que le han reportado 4 títulos y siete finales y con su décimo Roland Garros completa una fantástica temporada sobre tierra batida, en la que también sumó su décimo triunfo en Barcelona y en Montecarlo, además de su quinto en Madrid.

Nadal vuelve a ser el rey de la tierra y el tenista que nadie quiere en el otro lado de la pista.

París ha sido el escenario predilecto de una leyenda que también se ha construido con los Wimbledon de 2008 y 2010, los Abiertos de Estados Unidos de 2010 y 2013 y el de Australia de 2009.

Una leyenda que el mallorquín, a quien nadie volverá a dar por acabado hasta que no deje la raqueta sobre tierra, prometió seguir alimentando cuando dijo al público: “Hasta pronto”.

 



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