El futuro sombrío de los “solteros parásitos” en Japón

Unos 4,5 millones de japoneses de 35 a 54 años vivían con sus padres en 2016. En muchos casos, hombres y mujeres que aún dependen económicamente de sus progenitores y que en Japón son llamados “solteros parásitos”.

Estos solteros enfrentan un futuro sombrío y amenazan con ser una carga extra en un sistema de seguridad social que ya sufre por el envejecimiento de Japón y la reducción de su fuerza laboral, según Reuters.

Sin pensiones ni ahorros, ¿qué ocurrirá con ellos cuando sus padres mueran?

Hiromi Tanaka tiene 54 años, vive con su madre y da lecciones de piano. El dinero no le alcanza, así que depende de la jubilación de su mamá para llegar a fin de mes. No tiene plan de pensiones, y aunque tiene ahorros, ha usado la mayor parte de ellos.

Su papá murió el año pasado, así que el dinero que recibía su familia por las jubilaciones se redujo a la mitad.

De joven se dedicaba a la música y aunque su situación era inestable, siempre pensó que se las arreglaría para salir adelante. Ahora confiesa que si las cosas siguen así, su mamá y ella naufragarán.

Tanaka pertenece a las filas de los “solteros de por vida”, que alcanzaron una cifra récord en 2015.

Masahiro Yamada, el sociólogo que acuñó la expresión “solteros parásitos”, explica a Reuters que durante la “burbuja económica”, hasta mediados de la década de 1990, los jóvenes veinteañeros llevaban una buena vida y creían que cuando tuvieran treinta y tantos años ya estarían casados. En otras palabras, imaginaban que tendrían la vida arreglada.

Sin embargo, un tercio nunca se casó y ahora son cincuentones, advierte.

Estos solteros que viven con sus padres y no tienen independencia económica, además de afectar la seguridad social y “contribuir” a la disminución de la población al no tener hijos, tienen un impacto negativo en la economía, pues cada nuevo hogar que se forma es fuente de consumo. Y ellos, al seguir solteros, no forman un nuevo hogar.

Se estima que uno de cada cinco solteros de mediana edad que viven con sus padres dependen de ellos.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que muchos solteros no se casan no porque no quieran, sino por factores como el económico: trabajos mal pagados, inestabilidad laboral, etc. Alrededor del 40 % de la fuerza laboral japonesa está formada por trabajadores no regulares (por ejemplo, los que hacen arubaito), el doble que en la década de 1980.

El economista Katsuhiko Fujimori sostiene que cada vez más gente no puede casarse debido a razones económicas, incluso aunque lo desean.

En Japón existe un grupo humano que preocupa particularmente: los hikikomori, personas que se apartan de la vida en sociedad y se recluyen en sus casas, rehúyendo incluso el contacto familiar. Aunque por lo general se ha asociado este fenómeno social a los jóvenes, cada vez hay más personas de mediana edad en esta situación. Ellos dependen de sus padres y la pregunta es qué será de sus vidas cuando se queden solos. (International Press)

 



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