El año en el que el emperador sorprendió a Japón con su deseo de abdicar

Descendiente de la monarquía más antigua del mundo

Foto Shawnc / Wikipedia

Marta O. Cavriotto / EFE

Este año fue testigo de un hecho histórico y sorprendente en Japón: Akihito, el único monarca con el título de emperador, dijo que estaba cansando y planteó su deseo de abdicar, algo cuanto menos problemático, ya que la ley nipona no contempla la sucesión en vida.

En una intervención bastante excepcional, y tras 28 años al frente del milenario Trono del Crisantemo, el emperador de Japón se dirigió a la nación el pasado mes de agosto para explicar las limitaciones que padece debido a su avanzada edad y a sus problemas de salud.

Sin embargo, el monarca, de 82 años, evitó referirse de forma directa a su abdicación o a cuándo esta tendría lugar, puesto que esa mención podría haber sido considerada como una vulneración de las limitadas funciones que le asigna la Carta Magna nipona.

Akihito, conocido por su extrema discreción, expresó entonces su deseo de que las funciones del emperador como símbolo de Estado pudieran continuar de forma estable y sin ninguna interrupción.

Además de ser un hecho sorprendente que el emperador hable abiertamente de sus sentimientos, la futura abdicación del monarca supone un quebradero de cabeza para el Gobierno nipón.

Para que Akihito pueda renunciar a su cargo y este recaiga automáticamente en el príncipe heredero Naruhito, de 56 años, será necesario modificar la estricta normativa que rige a la Casa Imperial nipona desde 1947 y que no contempla la sucesión en vida.

Con este objetivo, el Gobierno japonés estableció un comité de expertos para compilar propuestas y gestionar la abdicación del emperador, que no llegaría hasta 2018.

Lo que aporte el grupo de expertos puede allanar el camino para poder activar una legislación especial que evitaría tener que recurrir a una enmienda de la Constitución, proceso demasiado largo y complejo.

Pese a que solo la abdicación póstuma está recogida en la ley actual, en el pasado la mitad de los 124 emperadores que han ocupado el trono del crisantemo abandonaron el cargo antes de su muerte.

En cualquier caso, de producirse, la abdicación de Akihito sería la primera en la línea sucesoria imperial nipona desde la del emperador Kokaku en 1817.

Nacido el 23 de diciembre de 1933 y educado por estrictos tutores imperiales, durante la II Guerra Mundial fue enviado como un niño refugiado a las montañas de Nikko, al norte de Tokio.

Cuando en 1952 fue proclamado heredero imperial como único hijo varón de su padre, ya sabía que su papel se limitaría a tareas de representación.

El 125 descendiente de la monarquía más antigua del mundo empezó a romper moldes, aunque siempre de manera prudente, en 1959 cuando se convirtió en el primer heredero al trono en casarse con una plebeya, la actual emperatriz Michiko, a la que conoció jugando al tenis.

Reputado experto en el estudio científico de los peces gobios, intérprete de violonchelo y autor de poemas “wakas”, Akihito tiene tres hijos y cuatro nietos.

El emperador, de aspecto frágil y elegante, se sometió a una operación coronaria de “bypass” en 2012 y en 2003 fue operado de cáncer de próstata. El tratamiento hormonal que se le recetó entonces le causó una osteoporosis y, además, en 2008 sufrió una hemorragia estomacal.

Akihito, al que la Carta Magna nipona le señala como “símbolo del Estado y de la unidad del pueblo”, tiene un papel meramente ceremonial pero a pesar de las limitaciones del protocolo siempre ha mostrado su deseo de conectar con su pueblo.

Así, ha sido durante todo su reinado el máximo representante de estabilidad y continuidad para los japoneses, escépticos con la política, y su deseo de abdicar cuenta con el apoyo de más de un 85 por ciento de la población.

El emperador cuenta también con el respaldo de su círculo más cercano, donde crece la preocupación por el envejecimiento de la cada vez más reducida familia imperial japonesa.

Con su edad avanzada y una salud cada vez más debilitada, Akihito quiere ahora marcharse del Trono del Crisantemo como ha reinado durante casi tres décadas, sin sobresaltos ni estridencias.


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