Memorias de un exkamikaze que predicará el pacifismo mientras vida

El mensaje del emperador lo salvó de la muerte



Kamikaze
El destino parecía escrito para Nobuo Okimatsu: tenía que morir el 15 de agosto de 1945 en un ataque suicida.

70 años después, el exkamikaze aún recuerda nítidamente el día en que el mensaje del emperador Hirohito, en el que anunciaba la rendición de Japón, lo salvó de la muerte.

Okimatsu hoy tiene 90 años y en una entrevista que concede a Asahi Shimbun confiesa que durante 68 años no habló sobre su experiencia en la guerra ni con su familia.

Sin embargo, hace dos años, alarmado ante el olvido en el que está cayendo el horror de la guerra entre los japoneses, decidió romper su silencio.

“Si usted hubiera nacido como un japonés de mi generación, sería considerado un antipatriota si dijera: nunca quiero morir en una guerra”, dice el expiloto.

Era inaceptable que un kamikaze se mantuviera con vida, recuerda. “Pero cuando me ordenaron llevar a cabo un ataque suicida, me di cuenta de lo preciosas que son nuestras ordinarias vidas”.

Oriundo de Hiroshima, Okimatsu asistió a la escuela de aviación del ejército imperial en Shizuoka. Tres meses antes de la rendición de Japón, fue nombrado como oficial al mando de una unidad especial de ataque kamikaze.

“No tenía ningún temor, pero como pensaba en la desesperación de mi madre pasaba muchas noches sin dormir”, dice.

Su bombardero podía llevar hasta ocho personas, pero solo transportaba a cuatro para poder llevar más explosivos. Okimatsu y su tripulación practicaban todos los días.

Cada vez que leía una noticia sobre sus compañeros kamikazes estrellándose contra naves enemigas, se hacía la promesa de emular sus “éxitos” pronto.

Unos cinco días antes de la rendición de Japón, Okimatsu recibió órdenes de abandonar su base para llevar a cabo un ataque suicida en aguas cercanas a Okinawa el 15 de agosto a las 3 de la tarde.

El joven piloto reprimía su miedo intentando convencerse de que su última misión podía ayudar a retrasar el desembarco estadounidense en la isla principal de Japón.

El 14 de agosto, sin embargo, fue informado de que la misión había sido cancelada. Fue repentino y no hubo explicación.

Al día siguiente, escuchó el anuncio del emperador. Japón se rendía. Okimatsu comenzó a llorar. No sentía alivio por haberse salvado, sino rabia y frustración por las muertes sin sentido de muchos de sus compañeros kamikazes.

Tras la guerra, Okimatsu estudió en la Universidad de Tokio y se dedicó a la enseñanza de estudios sociales en una escuela secundaria en Kumagaya.

El expiloto no se sentía calificado para hablar de la guerra debido a que esta había terminado sin que pudiera cumplir su misión.

Sin embargo, debido a que las personas de su generación, las que habían sufrido directamente el horror de la guerra, estaban falleciendo y sentía que las lecciones aprendidas de la guerra se estaban desvaneciendo, decidió compartir su testimonio.

Durante los últimos dos años, Okimatsu, que representa a un grupo de veteranos que defiende la Constitución pacifista de su país, ha hablado de su experiencia como soldado ante auditorios formados por estudiantes.

El anciano alienta a los chicos a estudiar con ahínco para que aprendan a discernir el bien del mal y tomen buenas decisiones, recordando que la libertad de pensamiento no existía durante la guerra.

Okimatsu declara a Asahi que el desarrollo pacífico del Japón de la posguerra se construyó sobre el sacrificio de sus compañeros pilotos, motivo por el cual desea que más japoneses valoren ese sacrificio.

“Voy a predicar mi convicción pacifista hasta el día que me muera”, promete. (International Press)

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