De calzones y calzoncillos. Por Nancy Matsuda

Nancy Matsuda
Nancy Matsuda

Diez días! diez días llevo exactamente pensando en calzones y calzoncillos. Todo empezó el mes pasado cuando me perdí la oferta del año por estar tan ocupada en el trabajo. Así es, todos los años en el mes de mayo, no sé si lo hacen por que empieza el calor o por ser mes de la Madre, pero la ropa interior se pone en remate. Y bueno, “me la perdí, tampoco es para tanto, no?”, pensaba yo para mis adentros mientras me sentaba a tomar un café con revista femenina en mano. Y como tienda y revistas son hermanas….la revista estaba inundada de lencería femenina para la nueva temporada.


Pensando en que todo esto era un complot por no haber ido a las ofertas, estuve leyendo toda la ciencia escondida que dicen que hay detrás de una ropa interior. Yo que pensaba que se trataba solo de comodidad, higiene y protección, pues no, resulta que tiene que ver con la personalidad, el humor y el carácter. Y si no seré yo de rayada para cuando leo algunas cosas, normalmente voy caminando por la calle mirando mariposas a paso de radio con música pop…pero como les decía,  que llevaba 10 días mirando la cara de la gente y preguntándome por su ropa interior. Debo confesar que soy un despiste total y hasta el cierre de estas líneas todavía no he logrado descifrar aquella célebre frase: “con tu cara de calzón”.

Entonces empezaremos por los calzoncillos, lo más fácil. Digo así, porque generalmente se los compra la esposa y antiguamente se los compraba su madre. La cuestion es así. Vas tendiendo la ropa lavada y cuando te percatas que los calzoncillos están a punto de verse una desgracia, vas a la tienda y le compras unos nuevos. ¿Por qué ellos no se los compran?. Preguntando yo a mi marido y a mi hijo el porqué de esto, la respuesta fue la misma: “porque tengo en el cajón”. Quise llorar pero me dio risa, aunque si sigues insistiendo, bueno, van y se los compran. Aparecen con una docena de calzoncillos del mismo modelo y color como si hubiesen ido a la tienda de ropas al por mayor.

Hablando de modelo y color, tenemos los boxers y los bikinis. Creo que en este caso es una cuestión de comodidad o si hace frío o calor. Sobre los colores, hay blancos, negros y azules. Según la psicológica los blancos demuestran sencillez y ternura y los negros o azules la fuerza, elegancia y el poder. Ahora entiendo a las madres que elijen o blancos o negros, creo que inconcientemente, nada de términos medios.

Pero fíjense que caminando por la calle, no es todo como parece, ves a uno y te dices ni blanco, ni negro. Ahhh! deben de ser de florecitas, cuadritos o caricaturas. Esa es ciencia que aún Google no me ha informado o en todo caso no he buscado bien, total, creo que es ciencia de otra generación y cultura.

Ahora vienen los calzones, trusas, bombachas o como les llamen.

Tenemos los clásicos, el de las abuelitas. Porque ellas eran sabias, son los calzones antidolor de cintura y barriga. Pero como después del calzón va la ropa encima, éstos ahora son llamados “clásicos” para darle más glamour, aunque ya casi nadie los usa.

Luego vienen los normalitos, los bikinis, los deportivos, los boxer femeninos, a todos ellos los eliges dependiendo de tu comodidad. Y me van a disculpar por nombrar al final al popular hilo dental. Por que aquí hay que hacer un apartado especial para el calzón que te descubre todo el bizcocho.

No sé qué le ven de cómodos, higiénicos o protectores. Sin decir que cada vez se vuelven más invisibles y últimamente de hilo dental no tienen nada porque más parecen tela de araña. Sólo ves una liga debajo de tu ombligo, y tampoco sé si serán o no sensuales, pero lo que sí sé es que me las bajo hasta las caderas la bincha de la cabeza y les aseguro que quedará igual de perfecta. Pero como para gustos y colores se han hecho los pintores….vamos a los colores.

Que blancos, negros, rojos, amarillos, verdes, que si eres inocente, sofisticada, sensual, alegre, cariñosa, que si son de rositas que eres muy romántica y si son de helados que eres muy juguetona o sabrá Dios si es que fuiste a comprar con hambre.

La cuestión es que con eso de psicología del color, la vendedora ya sabrá nuestra personalidad, nuestro humor y hasta nuestro karma interior, cuando el hecho es que sólo nos hemos ido a comprar un bendito calzón.

Bueno, aún no voy porque estoy en fase de terapia de desahogo para compradora compulsiva por perderme las ofertas. No tiene nada que ver con lo morboso o para que se ponga usted un tomate, o es que usted nunca compró ropa interior? Ah pues, fresa de otro pastel. Otro día hablaremos del sostén!

by Nan

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