Jóvenes voluntarios trabajan para sacar a flote Ishinomaki


Ciudad de Ishinomaki (foto Reuters)

Poco a poco devastada ciudad está volviendo a la vida


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Ciudad de Ishinomaki (foto Reuters)

Limpiar barro, reparar casas o repartir comida: cientos de voluntarios trabajan estos días en la ciudad nipona de Ishinomaki, arrasada por el tsunami del 11 de marzo y donde, poco a poco, algunas calles están volviendo a la vida.

El campus de la Universidad de Senshu, en la parte alta de la ciudad, se ha convertido en el cuartel general de los jóvenes llegados de todo Japón para echar una mano tras la peor tragedia que se recuerda en su país desde la II Guerra Mundial.

Decenas de tiendas de campaña se levantan en la gran explanada universitaria, cerca de los tenderetes donde se registran los recién llegados para colaborar en las labores de reconstrucción, que se intentan acelerar antes de que llegue el caluroso verano.

Según el último recuento policial, el seísmo y el tsunami del 11 de marzo causaron casi 28.000 muertos o desaparecidos, y de ellos 5.000 sólo en Ishinomaki, la segunda ciudad más grande de la zona por detrás de Sendai.

La gran masa de agua que siguió al terremoto de 9 grados Richter invadió la ciudad y borró del mapa urbano el área del puerto, que aparece todavía como una sucesión de escombros, edificios destrozados y vehículos volcados.

Pese a la huella de barro y los destrozos aún visibles en cada rincón, muchos de los refugiados que tuvieron que irse por falta de agua, gas y electricidad han empezado a volver a sus viviendas, que grupos de voluntarios intentan hacer más habitables.

“Al ritmo actual se necesitarán unos 800 días para que toda la costa afectada esté otra vez limpia”, calcula Mai Inoue, una joven residente en Sendai que los fines de semana viaja a Ishinomaki, equipada con botas altas y gruesos guantes de goma, para participar en las tareas de ayuda.

Junto con otros cuatro voluntarios, Mai llama a la puerta de una casa desde la que ha llegado una petición de ayuda: una anciana la hace pasar y le explica que necesita retirar todo el suelo de tatami, que más de un mes después aún sigue húmedo por el tsunami y hace el lugar inhabitable.

Empapado, cada tatami puede pesar hasta 100 kilos, por lo que la tarea de retirarlos es inabarcable para los ancianos que han sobrevivido a la catástrofe y que, al regresar a sus casas desde los centros de refugiados, las encuentran aún anegadas.

Mientras trabaja para levantar el suelo, Akira Watanabe, otro de los voluntarios, explica que él vivió de cerca el seísmo de Kobe (sur) que en 1995 acabó con la vida de más de 6.000 personas, así que cuando tuvo lugar la tragedia del mes pasado no dudó en desplazarse para poner su grano de arena.

A la zona arrasada llegó el 14 de marzo y desde entonces viaja por los pueblos costeros destruidos para ayudar en lo que puede, añade, antes de concluir su tarea, colocar los muebles en su lugar y conectar el televisor que, milagrosamente, funciona y hace que la anciana se emocione.

Junto con los voluntarios, en la ciudad trabajan también las Fuerzas de Auto Defensa (Ejército), que han limpiado las carreteras y amontonado los escombros a los lados para permitir el paso de los vehículos, aunque todavía son muchos los semáforos que no funcionan.

El Gobierno tiene previsto empezar a construir en la parte alta de la ciudad viviendas temporales para los evacuados, buena parte de los cuales procedían de la zona portuaria que quedó totalmente barrida, a mediados del próximo mayo. (EFE)


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