
La reciente escalada bélica en Medio Oriente y la revelación de que el arsenal iraní posee un alcance mucho mayor al estimado han encendido las alarmas en el Viejo Continente. El impacto de los misiles balísticos de Teherán ya no se considera un problema exclusivo de Israel o el Golfo Pérsico, sino una amenaza directa que altera por completo la arquitectura de seguridad europea.
Existe una creencia popular generalizada de que el gigantesco sistema de defensa antimisiles de la OTAN en Europa está diseñado única y exclusivamente para proteger al continente de Rusia. Sin embargo, esto es un error histórico y estratégico.
El llamado «Enfoque Adaptable por Fases» (EPAA, por sus siglas en inglés) de la OTAN fue concebido originalmente para interceptar amenazas balísticas provenientes de Medio Oriente, con Irán como el principal motivo de preocupación. Para frenar un posible ataque iraní, la OTAN instaló un radar de alerta temprana en Turquía, destructores navales en España (base de Rota) y bases de intercepción terrestre en Rumania y Polonia. Si los misiles iraníes aumentan su alcance, Europa se verá obligada a gastar miles de millones para actualizar este escudo.
RADIO DE AMENAZA
Durante años, la inteligencia occidental calculó el peligro basándose en la afirmación oficial de Teherán: sus misiles (como el Sejjil o el Khorramshahr) tenían un límite de 2.000 kilómetros. Incluso con ese rango «limitado», Irán ya tenía la capacidad matemática de golpear el flanco sureste de la OTAN, incluyendo a Grecia, Rumania y Bulgaria.
El verdadero pánico ha surgido ahora. Si se confirma que Irán posee Misiles Balísticos de Alcance Intermedio (IRBM) capaces de superar los 4.000 kilómetros de distancia, el paradigma cambia por completo. Toda Europa Occidental, incluyendo capitales clave como Londres, París, Berlín y Madrid, quedaría bajo el radio de fuego directo del régimen iraní.
EL FACTOR UCRANIA
La percepción europea sobre Irán sufrió una fractura irreversible tras el inicio de la guerra en Europa del Este. La decisión de Teherán de suministrar miles de drones suicidas (Shahed) y misiles balísticos a Rusia para bombardear ciudades ucranianas eliminó cualquier ilusión diplomática.
Los líderes de potencias como Francia, Alemania y el Reino Unido (el grupo E3) entendieron que Irán ya no es un actor lejano, sino un participante activo en la inseguridad y desestabilización del propio suelo europeo.
El mensaje táctico es claro: si los países europeos permiten el uso de bases de la OTAN en su territorio para atacar a Irán, sus capitales sufrirán las consecuencias.
ARMA DE COERCIÓN
Los analistas geopolíticos coinciden en un punto crucial: Irán no necesita disparar un misil contra Londres o París para que el arma cumpla su función. La simple posesión de esta tecnología le otorga a Teherán un enorme poder de chantaje diplomático y disuasión.
En el contexto de una guerra abierta contra Estados Unidos e Israel, Irán utiliza la amenaza de sus misiles para coaccionar a Europa. El mensaje táctico es claro: si los países de la Unión Europea se unen a la coalición militar estadounidense, o si permiten el uso de bases de la OTAN en su territorio para atacar a Irán, sus capitales sufrirán las consecuencias. (RI/International Press)
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