Japón recuerda 100 años del alud que dejó 144 muertos en Hokkaido

Fotografía de un sobreviviente del alud de Tokachi en Hokkaido.

Este 24 de mayo marcó el centenario del devastador alud provocado por la erupción del monte Tokachi, situado en el centro de la prefectura de Hokkaido. Con un saldo total de 144 víctimas mortales, este evento es considerado el desastre volcánico más mortífero registrado en Japón desde el inicio del siglo XX.

En la ciudad de Kamifurano, una de las zonas más duramente afectadas, los residentes locales se esfuerzan por mantener vivo el relato de la devastación basándose en testimonios escritos y orales heredados de sus familiares.


El 24 de mayo de 1926, una erupción del Tokachidake provocó el colapso de una parte de la montaña. Este fenómeno derritió la nieve acumulada, generando un flujo masivo de lodo y escombros que avanzó rápidamente unos 25 kilómetros río abajo a lo largo de los valles.

La catástrofe, que sepultó aldeas enteras, impactó profundamente a la sociedad de la época y sirvió de base para famosas obras literarias, como la novela «Zona de flujo de lodo» (Deiryu Chitai) de la escritora Ayako Miura.

Más allá de la ficción, la memoria histórica de la tragedia sobrevivió gracias a los testimonios directos de las víctimas. Entre ellos destaca el ya fallecido Kamezo Sagawa, quien vivió el desastre en la entonces villa de Kamifurano y, años más tarde, decidió publicar sus memorias en los boletines de una organización ciudadana local para que el sufrimiento de su pueblo no cayera en el olvido.


En sus escritos, Kamezo describió escenas estremecedoras: «una masa que no era ni gas ni agua pasó en un instante», «al cruzar el río, el agua lodosa nos llegaba al pecho, y las huellas del flujo eran como concreto amasado» y «un niño había sido arrastrado hasta un campo de colza». Una de las descripciones más gráficas narra el hallazgo del cuerpo de una víctima que, incluso habiendo perdido la parte inferior de su torso, aún llevaba a su hijo atado a la espalda.

Estas memorias siguen vigentes hoy a través de su pariente, Yasumasa Sagawa, de 73 años, quien relató haber escuchado testimonios directos de Kamezo en su juventud, incluyendo relatos de «casas y caballos fluyendo».

Debido al azufre adherido a los árboles arrancados por el lodo, la madera arrastrada ardía con facilidad, lo que sirvió para incinerar los restos o calentar a los rescatados del fango. Una rama familiar entera de nueve personas de los Sagawa pereció en el desastre.


El Tokachidake es conocido por repetir ciclos eruptivos cada 30 a 40 años, habiendo registrado erupciones magmáticas en 1962 y 1988. Actualmente, el volcán se encuentra en el Nivel 1 de alerta, aunque emite humo constantemente.

No obstante, el observatorio meteorológico local insta a la precaución debido al aumento en las emisiones de dióxido de azufre. En respuesta a la amenaza de la naturaleza, el gobierno nacional y de Hokkaido avanzan en proyectos de control de erosión y lodos.

Yasumasa Sagawa, quien también lidera desde hace más de una década caminatas guiadas por la ruta que siguió el flujo de lodo y por los monumentos conmemorativos, tiene clara su misión. Al respecto, declaró que un desastre podría ocurrir el próximo año o dentro de un siglo, por lo que busca transmitir que esta amenaza no es un problema ajeno, reafirmando así su determinación de vivir junto al Tokachidake y seguir narrando la historia de la tragedia del lodo. (RI/AG/IP/)


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