Gobierno peruano premia a Keiko Kina por labor comunitaria en Gunma

Premiación de Keiko Kina (centro) en Isesaki.

El Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú otorgó el reconocimiento oficial a la «Mujer Peruana que reside en el Exterior» a la ciudadana Keiko Kina (62), residente de la ciudad de Isesaki, en la prefectura de Gunma. Esta importante distinción gubernamental representa un homenaje a su destacada trayectoria de servicio, compromiso social y constante dedicación en beneficio del bienestar e integración de sus compatriotas asentados en el país asiático.

Radicada en Japón desde hace 36 años, Kina forma parte de aquel histórico primer grupo de madres que desembarcó en el archipiélago desafiando la distancia y la barrera del idioma.


Fundadora de la antigua Asociación de Peruanos en Gunma y ejecutiva de una empresa contratista, ha construido un prestigio basado en una labor solidaria y silenciosa que convirtió a la comunidad en su propio refugio. A fines de marzo de este año, recibió el diploma de reconocimiento de manos de la cónsul general del Perú en Tokio, Anne Maeda, en una ceremonia a la que acudió su familia y allegados de la localidad.

Para Kina, este galardón no ha sido un simple acto protocolar, sino un abrazo simbólico de su tierra natal que le confirma que su largo esfuerzo «no ha sido invisible».

Tras este emotivo acontecimiento, conversó con International Press sobre los sueños intactos que aún guarda en su maleta, la fortaleza heredada de su abuela, el reto de construir puentes en un país de silencios como Japón y el «superpoder» que significa la identidad cultural para las nuevas generaciones.


International Press: Cuando escuchó su nombre en la ceremonia del Ministerio de Relaciones Exteriores, ¿en qué mujer de su familia o de su comunidad pensó primero?

Keiko Kina: Cuando escuché mi nombre en la ceremonia del Ministerio de Relaciones Exteriores, pensé primero en mi abuela. En su fortaleza silenciosa y en los sacrificios que hizo para enseñarme a caminar con dignidad. También pensé en tantas mujeres de mi comunidad que han luchado en silencio para sacar adelante a sus familias.

IP: Recibir una distinción como «Mujer Peruana en el Exterior» es un abrazo simbólico del país que dejó. ¿Sintió que, después de tantos años en Japón, el Perú finalmente le decía «te vemos y agradecemos lo que haces»?


Kina: Sí, sentí que después de tantos años lejos, el Perú me extendía los brazos y me decía: “tu esfuerzo no ha sido invisible”. Fue un abrazo simbólico que me recordó que uno nunca deja de pertenecer a su país.

IP: En ese ambiente emotivo de la premiación, ¿cuál fue la palabra o el gesto que más la conmovió de los representantes del Consulado?

Kina: Lo que más me conmovió fue cuando me dijeron con sinceridad: “gracias por cuidar a nuestra gente”. No fue una frase protocolar; fue un reconocimiento humano que sentí profundamente.

 

Keiko Kina, Lucho Oyama, Luis Matayoshi y Luis Kiyohara.

IP: Si pudiera abrir esa maleta de la Keiko que recién llegaba a Japón, ¿qué sueños de entonces siguen intactos hoy?

Kina: Si abriera la maleta de la Keiko que recién llegaba a Japón, encontraría sueños que siguen intactos: ver a mi hija crecer segura, construir comunidad y demostrar que una mujer migrante puede aprender, adaptarse y también liderar.

¿Cómo le explica Usted a un niño peruano nacido en Japón sobre sus raíces son un superpoder? -«Ser peruano en Japón es una fuerza que lo acompañará toda la vida…»

IP: ¿Cómo hizo para que su calidez peruana no se apagara y, por el contrario, se convirtiera en ayuda para los demás en Gunma?

Kina: En un país de silencios como Japón, convertí mi calidez peruana en un puente. Aprendí a escuchar y respetar los ritmos de este país sin perder mi esencia. Mi calidez se volvió una luz para quienes necesitaban orientación o compañía.

IP: Usted es una de las fundadoras de la antigua Asociación de Peruanos en Gunma (APG) ¿cuál es el recuerdo más humano que guarda de alguien a quien la asociación logró ayudar o contribuir con su desarrollo en Japón?

Kina: Uno de los recuerdos más humanos de la APG es el de una madre que llegó desesperada sin saber cómo empezar. Años después, verla con un trabajo estable y con sus hijos estudiando, agradeciendo con lágrimas, me recordó por qué existe la asociación y que nuestro esfuerzo en apoyar al que necesita no es en vano.

IP: La identidad cultural es un tesoro frágil ¿Cómo le explica a un niño peruano nacido en Japón que sus raíces son un superpoder y no algo que debe ocultar?

Kina: Le digo que tener dos culturas es tener dos mundos. Que hablar dos idiomas es tener dos voces. Que sus raíces no lo dividen: lo enriquecen. Y que ser peruano en Japón es una fuerza que lo acompañará toda la vida.

IP: Si hoy pudiera hablarle a todas las mujeres peruanas que se sienten invisibles en el exterior, ¿qué mensaje de esperanza les daría desde el fondo de su corazón?

Kina: Les diría que su valor no depende de quién las mire, sino de quiénes son. Que cada sacrificio cuenta, que cada paso es una victoria y que no están solas. Somos muchas, y juntas somos más fuertes.

IP: Finalmente ¿cómo sueña ver a nuestra comunidad en los próximos diez años?

Kina: Sueño con una comunidad más unida, más preparada, más visible y más orgullosa de sus raíces. Sueño con jóvenes profesionales, con madres empoderadas, con familias seguras y con una integración que no borre nuestra identidad, sino que la fortalezca. (RI/International Press)

 


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