Un tribunal japonés condenó a 20 años de prisión al ex camionero Goro Suzuki, de 71 años, por provocar un choque mortal bajo los efectos del alcohol que acabó con la vida de tres integrantes de una misma familia.
El siniestro ocurrió en mayo de 2024, cuando un camión irrumpió a gran velocidad sobre la franja central en una carretera nacional de Isesaki, en la prefectura de Gunma, y embistió frontalmente a dos vehículos que circulaban en sentido contrario.
Murieron Minato Tsukagoshi, de dos años; su padre, Hiroto, de 26; y su abuelo, Masahiro, de 53. Una mujer que viajaba en otro automóvil resultó herida. Tres generaciones quedaron truncadas en segundos.
La fiscalía acusó a Suzuki del delito de «Conducción peligrosa que causa muerte o lesiones» (Kiken unten chishisho), al sostener que conducía en estado que hacía imposible una operación normal del vehículo. El acusado negó reiteradamente haber bebido, incluso frente a pruebas materiales y periciales.
Según la sentencia, una hora y media antes del choque el acusado pasó una prueba de alcoholemia en la empresa de transporte sin detección de alcohol. Tampoco las cámaras internas registraron consumo mientras preparaba la salida.
SECUENCIA DEL CHOQUE FATAL
Veintiocho minutos antes del impacto abandonó la compañía. Durante los primeros dieciséis minutos respetó carriles y señales, aunque alcanzó por momentos 90 kilómetros por hora. Mantenía distancia prudente hasta que su conducción cambió abruptamente.
Doce minutos antes del choque, un automóvil pequeño de placa amarilla cambió de carril frente a él. Circulaba a unos 70 kilómetros por hora cuando frenó bruscamente, activando la alarma interna del camión, señal de una reacción tardía.
Dos minutos antes, un automóvil negro A se incorporó delante de su camión. Aunque el vehículo cruzó con luz amarilla, Suzuki se detuvo en rojo. Luego apareció otro automóvil negro B.
Pese a la luz roja, arrancó y en 28 segundos aceleró hasta 90 kilómetros por hora. Se desvió hacia el carril de giro derecho donde estaba el coche B y, mirando hacia ese vehículo, perdió el control.
Un segundo después, la rueda derecha golpeó la franja central. El camión cruzó al sentido contrario sin desacelerar y provocó el choque fatal. El tribunal calificó esa maniobra como conducta “fuera de toda norma”.
SUZUKI HABÍA BEBIDO… Y MUCHO
Tras el accidente, se le practicaron tres análisis de sangre. Detectaron 102, 96 y 27 miligramos de etanol por decilitro, respectivamente. En la cabina hallaron dos envases vacíos de shochu de 220 mililitros y 20% de alcohol.
El tribunal consideró “natural” concluir que bebió esas botellas antes del choque. Señaló que no existe motivo razonable para llevar recipientes con etiqueta de shochu en un camión de trabajo sin haberlos consumido previamente.
Aunque no fue captado bebiendo, la corte sostuvo que pudo ingerir 200 mililitros en unos diez segundos fuera del ángulo de cámaras. Determinó que tenía alta concentración de alcohol que afectó funciones del lóbulo frontal.
La sentencia indicó que el alcohol redujo su atención dividida y capacidad de juicio. También concluyó que confundió el automóvil B con el A, pese a diferencias evidentes de forma y altura, evidencia de deterioro cognitivo.
Sobre la pena, el tribunal calificó el daño como “extremadamente grave” por la muerte de un niño pequeño y dos familiares. Consideró el hecho “inevitable” por su conducta agresiva y negó atenuantes al persistir en negar el consumo de alcohol.
Al no apreciar circunstancias para reducir la sanción, impuso el máximo legal de 20 años por kiken unten chishisho. La corte afirmó que no mostró arrepentimiento genuino y que la severidad era proporcional a la magnitud del daño causado. (RI/AG/IP/)
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