Crisis extrema en Irán: Comerciantes también se rebelan contra el régimen 

Protestas en Irán

La República Islámica de Irán enfrenta una de las sacudidas sociales más violentas de su historia reciente, con un saldo trágico que ya bordea los 600 fallecidos. Lo que comenzó hace poco más de quince días como una protesta por el alto costo de la vida se ha transformado en un levantamiento masivo que exige el fin del sistema gobernante. Los gritos de «muerte al dictador» resuenan en las calles de las principales ciudades, donde la represión estatal no ha logrado frenar el avance de una población que asegura estar librando su batalla final por la libertad.

El elemento más sorpresivo de esta insurgencia es la participación activa de los comerciantes del Gran Bazar. Históricamente, este sector ha sido el pilar económico y social que sostuvo la Revolución de 1979, pero la asfixia financiera los ha empujado al bando de la oposición. Tras dos décadas de sanciones internacionales y la reciente anulación del acuerdo nuclear, la moneda nacional, el riyal, se ha desplomado. Los mercaderes ya no pueden importar bienes básicos, y la inflación galopante ha destruido su medio de vida, obligándolos a romper su alianza con los líderes religiosos.


AISLAMIENTO TOTAL

La tensión alcanzó un punto de no retorno tras los bombardeos sufridos el pasado junio contra instalaciones nucleares y de misiles por parte de fuerzas de Estados Unidos e Israel. Con el colapso definitivo del pacto nuclear en septiembre y el restablecimiento de las sanciones de la ONU, la economía iraní entró en una fase de aislamiento total. A esto se suma el resentimiento popular contra la Guardia Revolucionaria, que ejerce un monopolio férreo sobre los negocios más lucrativos del país mientras la mayoría de la ciudadanía se hunde en la pobreza.

La respuesta de las autoridades ha sido implacable, recurriendo al uso de munición real contra los manifestantes. Según testimonios recogidos por medios internacionales como la BBC, las calles se han teñido de sangre y se han difundido videos estremecedores que muestran decenas de cuerpos en morgues improvisadas cerca de Teherán. El régimen se encuentra en un dilema existencial: si detiene la represión, la protesta podría derrocarlos; si la intensifica, corre el riesgo de provocar una intervención militar directa por parte de la administración Trump y sus aliados.


En el ámbito internacional, figuras como el ex-príncipe heredero Reza Pahlavi, exiliado en Estados Unidos, han instado a la expansión de las protestas a través de redes sociales. Sin embargo, los analistas dudan de que exista actualmente una estructura política capaz de unificar estos focos de resistencia espontáneos. Mientras tanto, el canciller iraní, Abbas Araghchi, ha mostrado una postura ambivalente, declarando que el país está preparado para la guerra, pero también abierto al diálogo para evitar un conflicto de escala impredecible.

Pese al caos y las llamas que consumen algunos edificios gubernamentales, las fuerzas de seguridad y la Guardia Revolucionaria mantienen, por ahora, su lealtad a la cúpula clerical. La incertidumbre domina el futuro de una nación donde el hambre y el deseo de libertad han logrado lo que años de diplomacia no pudieron: unir a los comerciantes más conservadores con la juventud reformista en un clamor unánime por el cambio. El destino de Irán pende de un hilo en medio de un escenario de «o todo o nada».


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