El despertar de la okinawense que antes menospreciaba a quienes se oponen a las bases de EEUU



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Hasta que no lo vives, no sabes cómo se siente. Y si no sabes cómo se siente, no te importa. Eso le pasaba a Akari Chibana, una estudiante universitaria de 20 años que reside en Naha, la capital de Okinawa.

La joven confiesa a Asashi Shimbun que antes solías mirar con desdén a las personas que protestaban contra las bases militares de Estados Unidos en Okinawa. Incluso creía que empeoraban las cosas.

Akari creció en un barrio de Naha donde casi no se escucha el ruido de las aeronaves militares estadounidenses. En su comunidad rara vez veía a gente protestando contra las bases.

Todo cambio cuando experimentó de primera mano lo que significa estar cerca de una base militar.

El año pasado, unos amigos le pidieron que sirviera como observadora de las aeronaves militares de Futenma en una escuela de primaria que está justo al lado de la base.

El trabajo de monitoreo fue establecido por el Ministerio de Defensa después de que una ventana se desprendió de un helicóptero de EEUU que había partido de Futema y cayó sobre el patio del colegio en diciembre de 2017. Había unos 60 niños en el patio en ese momento, pero por suerte nadie resultó herido.

Dos o tres veces a la semana, Akari, de pie junto a una cerca que separa la escuela de la base, alertaba a los niños que jugaban en el patio a través de un megáfono para que se refugiaran cada vez que se acercaba una aeronave.

“Qué aterrador debe ser vivir cerca de la base”, pensaba cuando veía a una aeronave despegar de la base, produciendo una gran cantidad de ruido, y volar a baja altura lo que la hacía parecer enorme.

Gracias a la experiencia se dio cuenta de cuán poco conocía sobre lo que significa vivir cerca de una base.

Akari también comenzó a cuestionar el plan del gobierno de Japón de trasladar la base de Futenma, de un barrio residencial en la ciudad de Ginowan, a una zona costera en el distrito de Henoko, ciudad de Nago.

Eso significa, según ella, que los temores y peligros cotidianos de vivir cerca de Futenma no se apagarán con su cierre, sino que se mudarán a Nago.

Chibana recuerda que una amiga que reside en Nago le dijo que la actitud de la gente de Naha con respecto a la base era egoísta porque no afecta su vida cotidiana.

El asunto es delicado para la estudiante, pues su familia tiene otro punto de vista.

Su padre, dueño de una compañía de construcción, está a favor del plan y le preocupa que los continuos enfrentamientos entre los gobiernos de Japón y Okinawa por la reubicación de la base perjudiquen sus negocios.

Si el gobierno de Okinawa continúa oponiéndose al plan, Japón podría recortar el suministro de recursos a la prefectura para promover el desarrollo de su economía a través de obras públicas, teme el padre, que considera que hay que “sacrificarse” si eso es necesario.

Akari entiende la posición de su papá, pero no la comparte. Se sentía incómoda cerca de él y no sabía cómo abordar el tema. La estudiante cree que nunca aceptará la nueva base. (International Press)


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