Denuncian trato “inhumano” a neozelandés muerto en un psiquiátrico en Japón

 

La familia de un ciudadano neozelandés residente en Japón que falleció el pasado mayo en un psiquiátrico denunció hoy el trato “inhumano” que éste recibió y que pudo causar su muerte, y reclamó una investigación a las autoridades japonesas.

Kelly Savage, un profesor de inglés de 27 años, murió en un hospital psiquiátrico en Kanagawa (al sur de Tokio) tras permanecer diez días atado a una cama, según explicó su familia en declaraciones a la agencia local de noticias Kyodo.

Sus allegados creen que su fallecimiento por trombosis intravenosa fue causado por las condiciones en las que se encontraba internado, y afirmaron que éstas contravenían los estándares internacionales de atención médica y psiquiátrica.

Savage residía en Japón desde 2015 y trabajaba en el marco de un programa gubernamental de enseñanza de inglés para profesores foráneos, y anteriormente había recibido tratamiento psiquiátrico en su país de origen.

El pasado abril, sus síntomas volvieron a aparecer, por lo que fue internado en el hospital de Kanagawa, según su familia.

Al acudir a visitarle, sus allegados vieron que se encontraba atado a una cama de forma “cruel” e “innecesaria”, aunque no consideraron que esto podría poner en peligro su vida puesto que el personal médico afirmó que liberaba a Savage de sus ataduras para alimentarle y lavarle.

La autopsia reveló que la trombosis intravenosa fue la causa del fallecimiento, aunque no confirmó ni desmintió la relación de la muerte con los largos períodos de inmovilización del paciente.

El hospital, por su parte, no ha querido hacer comentarios públicos sobre el incidente.

En 2014, unos 16.000 pacientes internos en centros psiquiátricos nipones se encontraban con algún tipo de inmovilización física, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad, que muestran que dicha cifra se ha duplicado en la última década.

Los principios de Naciones Unidas para la protección de personas con enfermedades mentales señalan que la inmovilización física sólo debe emplearse “cuando sea el único recurso disponible para evitar el daño inminente al paciente o a otras personas”, y añaden que dicha medida debe limitarse en el tiempo “a lo estrictamente necesario”. (EFE)

 



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