Problemas de comunicación entre parejas interraciales en Japón

 

Testimonio: cuando un japonés quiere que su novia extranjera adivine lo que desea

Pareja

¿Qué tan complicado es para una chica occidental salir con un chico japonés? ¿Cuánto pesan las diferencias culturales? ¿Tanto como para romper una relación? Por supuesto, cada relación es distinta, y lo que en algunas parejas funciona, en otras no.

Sin embargo, hay características comunes que nos pueden ayudan a entender cómo las parejas interraciales en Japón se las arreglan (o no) para salir adelante.

Sara, una antropóloga norteamericana que reside en Japón desde 2011, nos cuenta en el sitio web gaijinpot su experiencia con un novio japonés. Fue difícil para ambos, pues él fue su primer novio japonés y ella fue su primera novia extranjera.

Lo primero que nos dice Sara es que para ella fue sorprendente descubrir que en Japón, debido a lo ocupadas que están en el trabajo, es normal que las parejas se vean solo una vez a la semana o incluso una vez cada dos semanas. O menos aún. Sara tiene una amiga japonesa que veía a su novio una vez al mes. ¿Eso la molestaba? Para nada. Su amiga estaba satisfecha con su relación.

La norteamericana no entiende cómo se puede ser feliz en una relación así, casi sin verse. En su país, revela, las parejas generalmente se ven al menos tres veces a la semana.

Sin embargo, lo vivió en carne propia. Su novio japonés era el típico salaryman que trabaja un montón. Para dejar las cosas claras, el hombre le dijo que debido a su trabajo no podían verse a menudo. Para hacer más profunda la estocada, le dijo además que tampoco era necesario que se vieran tanto. Resignada, ella tuvo que rebajar sus expectativas.

Los japoneses no son afectos a las grandes declaraciones de amor, la verborragia de la que somos testigos, por ejemplo, en las películas románticas hollywoodenses. Sara dice que ellos prefieren los pequeños gestos cotidianos, y recuerda a un amigo japonés derramando lágrimas mientras veía una película en la que el protagonista le declara su amor a su novia no diciéndole “te amo”, sino “quiero comer tu comida todos los días”.

Eso no parece un problema, ¿no? No, pero sí surge uno cuando la pareja no logra comunicarse (y no por la barrera idiomática). O, mejor dicho, cuando una de las partes decide no comunicarse.

Sara cuenta que cuando su exnovio japonés se enfadaba con ella le daba lo que ella denominada “el tratamiento del silencio”. Acostumbrada a hablar de sus problemas, la mujer se estrellaba con una pared cuando no lograba que su expareja le hablara. Y cuando ella intentaba que él hablara, la situación empeoraba. El japonés quería que ella lo entendiera y supiera qué deseaba sin tener que decírselo (en otras palabras, que le leyera la mente).

En Japón, cuenta Sara, la gente no lleva a su pareja donde sus padres a menos que la relación sea muy seria. Su novio tardó seis meses en decirle a su familia que estaba saliendo con una chica y pasó un año para que Sara pudiera conocer a sus padres. Dicho sea de paso, era la primera vez que él, al que define como un japonés muy tradicional, hablaba con su familia de su vida amorosa.

Sara y su novio rompieron. Lo intentaron, pero no funcionó. Problemas de comunicación insalvables.

Por eso, ahora ella sale casi exclusivamente con hombres que han pasado por la experiencia de vivir en el extranjero. Comunicarse con este tipo de personas, a menudo más flexibles, es más sencillo. Eso sí, viviendo en Japón, ha aprendido a rebajar sus expectativas. Por ejemplo, ya acepta ver a su novio una vez a la semana. (International Press)

 



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