Japonés atormentado por la guerra: “Yo era un diablo con máscara humana”

El anciano de 88 años trabajó en una planta en Hiroshima que produjo más de 6.000 toneladas de gas venenoso.

 

 

Planta de gas venenoso en Hiroshima.
Planta de gas venenoso en Hiroshima.

 

Yasuma Fujimoto vive torturado por lo que hizo durante la Segunda Guerra Mundial: producir gas venenoso para el Ejército Imperial Japonés.

«Yo era un diablo con máscara humana», dice Fujimoto.

El anciano de 88 años trabajó en una planta en Hiroshima que produjo más de 6.000 toneladas de gas venenoso (que fue utilizado en China, entre otros sitios), así como armamento.

La planta empleó a más de 6.000 trabajadores, entre ellos jóvenes como Fujimoto, que recuerda en una entrevista a Jiji Press que postuló al trabajo porque se promocionaba como una oportunidad para estudiar. Además, ganaría un salario.

Fujimoto desconocía la naturaleza del trabajo, porque al anuncio no ofrecía detalles. Solo sabía que era algo que tenía que ver con militares.

La fábrica fue establecida por el ejército nipón en 1929.

Cuando Fujimoto llegó a ella en 1941, con apenas 14 años, percibió un fuerte olor químico. Recién tuvo cabal conciencia de que la planta producía gases venenosos cuando recibió clases intensivas de química y entrenamiento práctico.

El entonces adolescente fue asignado al área que producía lewisita, un compuesto químico que quema la piel. Usaba una máscara vieja, y cuando había fugas de gas lagrimeaba y le ardía la garganta.

Los accidentes eran cotidianos. Una vez derramó un líquido que le provocó más de diez ampollas en el cuello y dolores punzantes. Tardó unos dos meses en recuperarse.

Pese a ello, el chico creía que su trabajo obedecía a un propósito elevado. “Inspirado por un eslogan que nos instaba a ganar la guerra con gases venenosos, quería hacerlo lo mejor posible”, admite en la entrevista con Jiji Press.

La guerra le dejó como secuela una bronquitis aguda, sin embargo, puede considerarse afortunado, pues muchos de los que trabajaban con él murieron de cáncer de pulmón.

Aunque era apenas un chiquillo y pese a los 70 años transcurridos desde el fin de la guerra, Fujimoto aún no se perdona. “Lo que hice fue un crimen. Yo era un diablo. Para volver a ser una persona, tengo que enfrentar directamente mi responsabilidad en el pasado».

Fujimoto ha dedicado los últimos veinte años de su vida a contar su historia, aprovechando todas las oportunidades que se le presentan. A medida que envejece se le hace cada vez más duro, desde el punto de vista físico, hablar sobre su experiencia, pero no se rinde. “Si paro, no habrá nadie más para contar la historia”, concluye. (International Press)

 

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