El divorcio en parejas maduras alcanza récord histórico en Japón

Anillos de oro que no unen para todo divorcio.

En un país donde uno de cada tres matrimonios termina en ruptura, la proporción de separaciones entre parejas con dos décadas o más de convivencia —conocido como divorcio de matrimonios maduros— alcanzó el máximo histórico del 24,2 %. Así lo revelan las estadísticas demográficas publicadas por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar (Koseirodosho).

Si bien la cifra total de divorcios desciende tras tocar techo en 2002, las rupturas en la vejez van en sentido contrario. Especialistas en asesoría conyugal advierten que entre el 70 % y el 80 % de estos procesos los inician mujeres decididas a no intentar ninguna reconciliación previa.


En las calles, muchos cónyuges admiten con sonrisas tensas que «no hay grandes peleas», aunque sí «mucha resignación». La crudeza del fenómeno la resume una mujer de unos 40 años que puso fin a 18 años de matrimonio: «Me divorcié hace dos años porque nuestros valores no encajaban. Pasar las 24 horas del día juntos se volvió gradualmente una agonía».

LAS MUJERES TOMAN LA INICIATIVA

Una consejera con más de 35 años de experiencia en mediación conyugal en Tokio, atiende un volumen creciente de consultas sobre este tipo de separaciones y confirma que la gran mayoría las promueven las esposas.


«Se ha vuelto cada vez más frecuente saltarse el paso de ‘intentemos recomponer la relación’ y pasar directo a preparar el divorcio», explica Okano. La etapa de diálogo previo desaparece frente a una resolución tomada en silencio.

LA SOLEDAD REPENTINA DEL HOMBRE

Las consecuencias para los cónyuges masculinos suelen ser desoladoras. «Macchan», un hombre de 50 años que gestiona un bar en Osaka, se divorció el año pasado tras más de dos décadas de vida en común debido al distanciamiento paulatino de sus ritmos diarios.


«Sin decirme si nos separábamos o no, tomó sus pertenencias y se marchó; cuando regresé, ya no estaba. La casa quedó completamente vacía. Para mí su presencia era algo tan natural y dado por hecho, que jamás imaginé que esto llegaría a suceder», relata.

En su domicilio, la ropa sucia permanece amontonada, las visitas a la tintorería se posponen y los días libres transcurren en soledad ante el plato de comida: «Llegar a casa y que no haya nadie. Volver a una casa a oscuras. Me queda el arrepentimiento de no haber sabido comprender del todo sus sentimientos». Según los especialistas, son muchos los hombres que pierden el ánimo de forma repentina tras una ruptura imprevista.

TRABAJO, LONGEVIDAD Y BÚSQUEDA DE LIBERTAD

La vivencia femenina suele proyectar un desenlace distinto. Una mujer tokiota, de 74 años, se separó a los 52 tras 18 años de matrimonio motivada por el maltrato psicológico y la excesiva severidad de su esposo hacia sus hijos.

«No nos levantaba la mano, pero la violencia verbal era tremenda. Decía cosas como: ‘Yo soy quien les da de comer’», recuerda la entrevistada. Tras la separación, encadenó diversos empleos, reforzó sus aptitudes laborales y hoy imparte talleres de accesorios: «Ni se me pasaba por la cabeza volver a casarme. Quería ser libre. No sé si lo que hice fue lo correcto, pero para mí fue la decisión acertada. Tengo que hacer que siga siendo la opción correcta».

Al respecto, la consejera subraya que la mayor esperanza de vida y la autonomía económica de la mujer son los grandes motores de este cambio social: «Hemos entrado en una época de mayor longevidad. Es una era donde las mujeres se incorporan económicamente a la sociedad, trabajando a tiempo parcial o como empleadas fijas. Es una era en la que las mujeres ya no se resignan a aguantar».

EL COMPLEJO REPARTO DE BIENES

La disolución de un matrimonio extenso encierra también riesgos jurídicos complejos y la división de bienes se convierte en el principal foco de litigio.

«Lo que resulta extremadamente difícil en el divorcio de matrimonios maduros es la división de bienes. Suelen ocultarlos. Cuando muestran la libreta de ahorros, surge con frecuencia el conflicto de: ‘¿Cómo? ¿No se suponía que había más?’», advierte un abogado japonés sobre la dificultad de rastrear patrimonios acumulados durante décadas.

EL AUGE DEL EMPAREJAMIENTO

Detectar a tiempo el distanciamiento puede marcar la diferencia. La consejera previene sobre un cambio de conducta decisivo en las esposas japonesas: «De pronto se callan, dejando de decir ‘tienes este defecto’ o ‘haz esto así’. Si la esposa se vuelve dócil y silenciosa, no es momento de alegrarse. Es señal de que ha iniciado los preparativos de la separación, o que incluso ya casi los ha completado. Ahí es donde el esposo debería alarmarse».

En paralelo al auge de estas rupturas, el mercado de búsqueda de pareja para personas de mediana y avanzada edad experimenta una notable expansión. En un encuentro celebrado en Osaka para mayores de 40 años, una mujer de 59 años divorciada hace dos explicaba su asistencia: «Por fin tengo tiempo libre para mí, así que a partir de ahora quiero encontrar mis propias aficiones y placeres».

En dicho encuentro de diez hombres y diez mujeres, se formaron cinco parejas. Mayuko Kimura, encargada de la agencia organizadora de encuentros de parejas Akanekai, resume la motivación de quienes buscan rehacer su vida sentimental: «Tras haber pasado por un divorcio, sienten que vivir acompañados de otra persona hará que el resto de sus vidas sea más pleno que estando solos». (RI/AG/IP/)


Descubre más desde International Press - Noticias de Japón en español

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Suscríbete a International Press GRATIS

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a International Press y recibe nuestras noticias primero.

Artículos Recientes

ANIME/MANGA

『PR』PATROCINADOS


Descarga el App de Súper Tokio Radio


AUTOMÓVIL