Cada vez más japoneses optan por desmantelar las tumbas familiares

Cementerio japonés

Una práctica que hasta hace pocos años era poco frecuente se está convirtiendo en una realidad cada vez más común en Japón. Se trata del haka-jimai, un proceso mediante el cual una familia desmantela su tumba ancestral y traslada los restos a otro lugar de descanso.

La tendencia no deja de crecer. Según el informe de estadísticas sanitarias del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón, durante el año fiscal 2024 se registraron más de 176.000 casos de kaiso, es decir, traslados de restos humanos. Se trata de la cifra más alta jamás registrada.


El número de casos prácticamente se ha duplicado en comparación con hace diez años. Detrás de este fenómeno se encuentran cambios profundos en la estructura familiar y en el estilo de vida de los japoneses, especialmente entre las generaciones de mediana y avanzada edad.

Una de las razones principales es la creciente dificultad para visitar y mantener tumbas ubicadas lejos del lugar de residencia de las familias.

Durante décadas, muchas personas regresaban a sus localidades de origen tras jubilarse. Sin embargo, hoy es cada vez más habitual que quienes se trasladaron a Tokio u otras grandes ciudades permanezcan allí de forma permanente, alejándose de las tumbas familiares heredadas de generaciones anteriores.


La falta de sucesores también se ha convertido en un problema importante. Numerosas familias no cuentan con hijos o familiares que puedan hacerse cargo del mantenimiento de la tumba en el futuro, lo que impulsa a muchas personas de entre 50 y 60 años a buscar soluciones anticipadas.

El primer paso al desmantelar una tumba consiste en decidir qué hacer con los restos. Una de las opciones más habituales es trasladarlos a una nueva tumba ubicada cerca del lugar donde reside actualmente la familia.

Aunque esta alternativa facilita las visitas y reduce las dificultades de mantenimiento, no elimina la obligación de seguir administrando una tumba. Por ese motivo, cada vez más personas optan por sistemas que no requieren la intervención de futuros descendientes.


Entre las opciones más populares figuran las tumbas de mantenimiento perpetuo o eitai kuyobo, los columbarios conocidos como nokotsudo y las sepulturas bajo árboles denominadas jumokuso.

En estas modalidades, la administración del cementerio o del templo asume el cuidado permanente de los restos. Una vez realizado el pago correspondiente, los familiares dejan de afrontar gastos periódicos y responsabilidades relacionadas con la conservación de una tumba tradicional.

Los costos del proceso pueden variar considerablemente. Según la especialista, el gasto total suele situarse entre 300.000 y 3 millones de yenes, dependiendo de las características de la tumba existente y del destino elegido para los restos.

La retirada de la lápida, la extracción de los restos y las ceremonias religiosas asociadas suelen representar entre 200.000 y 500.000 yenes. Si además se decide construir una nueva tumba, el desembolso puede superar fácilmente el millón de yenes.

Otro aspecto que suele generar inquietud es la contribución que algunos templos solicitan cuando una familia abandona la comunidad religiosa a la que pertenecía. Sin embargo, los expertos recuerdan que este pago no constituye una obligación legal.

Entre las alternativas de mantenimiento perpetuo destaca el gassobo, una tumba colectiva donde se depositan juntos los restos de numerosas personas. Su principal ventaja es el menor costo, aunque una vez realizada la inhumación los restos ya no pueden recuperarse.

También existen otras opciones como el sankotsu, que consiste en esparcir las cenizas en el mar o la montaña, y el temoto kuyo, mediante el cual los familiares conservan parte de los restos en sus hogares.

Para completar el proceso es necesario realizar diversos trámites administrativos. Entre ellos figuran la solicitud oficial de traslado de restos, certificados de enterramiento y documentos emitidos por la institución que recibirá las cenizas o los restos trasladados.

Los especialistas advierten que el aspecto más importante no es económico ni burocrático, sino familiar. El éxito del proceso depende en gran medida de que exista consenso entre hijos, hermanos y otros parientes sobre el futuro de los restos ancestrales.

En un Japón marcado por el envejecimiento de la población, la disminución del número de descendientes y la concentración urbana, el aumento del haka-jimai refleja cómo las familias buscan adaptar antiguas tradiciones a las realidades de la sociedad actual. (International Press)


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