Reina y Luis, los hermanos peruanos tras el sonido de Bered

Reina y Luis de Bered

 

Reina y Luis de Bered

La tarde caía sobre el complejo de Miyashita Park, en Shibuya. En una mesa del McDonald’s, entre cafés y el murmullo de fondo, dos hermanos repasaban con serenidad lo ocurrido minutos antes sobre el escenario del Peru Fest Shibuya 2026.


Aquella tarde no se presentó la alineación completa de Bered; subieron únicamente ellos dos en representación del grupo: una sola guitarra eléctrica en manos de Luis (31) y la voz de Reina (26), suficiente instrumentación para compartir sus temas y reinterpretar canciones peruanas en clave de rock.

Lejos de poses grandilocuentes, la conversación reveló una historia sencilla y honesta: la de dos jóvenes nacidos en el Perú y criados en Japón que han encontrado en la música un camino de esfuerzo, identidad e ilusión compartida.

DOS NOMBRES PARA DOS MUNDOS


«En japonés no existe la ‘r’ vibrante, por eso me dicen Reina», explicaba la vocalista con una sonrisa. Su nombre de nacimiento es Himeko, que en japonés significa princesa. Cuando llegó el momento de buscar una identidad artística para el escenario, su hermano mayor intervino con afectuosa picardía: «Si en japonés eres princesa, en Perú lo que está más arriba es una reina».

A su lado, el guitarrista completaba su propia presentación: Luis Hajime Miyashiro Almendras. En las aulas escolares de Kanagawa creció como Hajime para sus maestros y compañeros; en los créditos de la banda y el entorno artístico adoptó formalmente su nombre en español, Luis.

Bered es una banda de rock japonesa fundada hace siete años por su líder y compositor, Jin. La génesis del nombre guarda una entrañable anécdota de infancia: de niño, Jin era fanático de Michael Jackson y al escuchar el coro del clásico Beat It entendía fonéticamente Be red («sé rojo»).


Aquella interpretación infantil terminó bautizando al grupo como Bered (pronunciado Bireto en Japón), con un estilo arraigado en el hard rock clásico de los años ochenta y noventa.

 

Reina (26)

DE OFICINISTA AL HARD ROCK

El ingreso de Reina al grupo se dio por un golpe de circunstancias. Tras la pausa obligada de la pandemia y ante el regreso de los conciertos en vivo hacia finales de 2022, el anterior vocalista —un cantante varón que acompañó a Jin y a Luis durante cuatro años— dejó la banda de manera intempestiva. Con fechas comprometidas en puerta, Luis pensó en su hermana.

«Al principio en la banda no querían a una mujer», recordó Luis. En el circuito del rock pesado predominaba el estereotipo de una imagen masculina y recia (otokorashii), y existía el recelo de que una presencia femenina derivara la propuesta hacia el pop comercial de las idols.

Sin embargo, Reina tenía una formación distinta. Aunque en su niñez soñaba con ser bailarina, había completado estudios de música y gospel en una escuela especializada (senmongakko) tras trabajar una temporada como empleada de oficina.

Al probarse en el estudio con temas originales de la banda como Monster, As a Friend y Do Not Call Me, las dudas se disiparon. Su registro no era agudo ni convencional; poseía un timbre grave y con peso. A base de práctica constante aprendió a controlar el vibrato y a raspar la voz para lograr ese matiz arenoso (gara-gara) que exigía el género.

«Reina canta para el público, pero también canta para tranquilizar a Himeko, la chica que tiembla con dolor de estómago antes de salir a escena», confesó la peruana.

Formado en el prestigioso instituto técnico Muse Ongakuin, en Yoyogi, el peruano Luis concluyó sus estudios como el instrumentista más destacado de su promoción.

EL RIGOR DE UNA SOLA GUITARRA

Frente al micrófono, Reina canaliza la emoción; detrás de las cuerdas, Luis aporta el método. Lejos de la estridencia, asume la guitarra solitaria con la serenidad de quien conoce la música desde la raíz. Formado en el prestigioso instituto técnico Muse Ongakuin, en Yoyogi —escuela por la que pasó Tak Matsumoto, guitarrista del legendario grupo japonés B’z—, Luis concluyó sus estudios como el instrumentista más destacado de su promoción.

«Es sumamente estudioso. En el tren viaja repasando libros de teoría y pentagramas», contaba Reina entre risas, comparándolo con Hermione, el disciplinado personaje de Harry Potter.

Antes de dedicarse a la guitarra eléctrica, Luis integró las bandas de viento escolares tocando la tuba y el trombón, además de aprender piano. Su oído transitó por el rock japonés de Asian Kung-Fu Generation o Radwimps, pero también por la versatilidad de Carlos Santana y John Mayer.

En Bered, su visión es clara: «Más que hacerme famoso como guitarrista individual, me importa que la banda suene bien y llegue lejos».

DE POOH-SAN AL CALOR DEL HOGAR

La disciplina de ambos se gestó en casa. Su madre, Janet Miyashiro, es una conocida animadora de espectáculos infantiles en la comunidad latina en la región de Kanto y recordada por sus shows para niños en la antiguas fiestas de Kyodai en Studio Coast.

Los fines de semana familiares transcurrían habitualmente en torno a esas celebraciones. Reina colaboraba en los juegos y la entrega de premios; Luis cumplía una labor silenciosa dentro del disfraz de «Pooh-san», el oso de peluche gigante que animaba a los niños.

«Nunca permitía que me vieran quitándome la cabeza del traje de Pooh-san», relató Luis. «Si un niño ve que adentro hay una persona mayor, se acaba la ilusión». Ese cuidado por mantener viva la magia infantil refleja el respeto con el que ambos asumen el escenario.

En su hogar de Aikawa, en la prefectura de Kanagawa, las normas eran estrictas: afuera se desenvolvían bajo las costumbres japonesas, pero dentro de casa solo se hablaba español y los deberes escolares debían terminarse antes de salir a jugar con los vecinos.

Esa dualidad cultural, que en la infancia generaba contrastes cotidianos, terminó dándoles una perspectiva amplia y sólida.

EMOCIÓN EN SHIBUYA

Durante la presentación en Shibuya, la guitarra de Luis y la voz de Reina adaptaron piezas emblemáticas del cancionero peruano como «Cuando pienses en volver», de Pedro Suárez-Vértiz, y «Hoy», de Gian Marco. Entre los asistentes, varios migrantes con décadas de residencia en el archipiélago se conmovieron hasta las lágrimas al escuchar esas letras entrelazadas con acordes de rock en pleno corazón de Tokio.

Con presentaciones regulares en salas de concierto de Tokio y Kanagawa, y un recital en solitario (one-man show) en el horizonte, Bered continúa abriéndose paso en el circuito nipón. Para Reina y Luis, la meta es seguir creciendo paso a paso: «Queremos llegar lejos como Bered, que la gente nos conozca por lo que hacemos juntos».

Al terminar la charla en Miyashita Park, ambos recogieron sus cosas con la tranquilidad de dos hermanos que avanzan con paciencia, unidos por la misma melodía. (RI/International Press)


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