
Una conferencia de prensa del gobierno japonés tomó un giro inesperado hoy cuando el tema de la inmigración chocó con la religión. Durante la sesión, la ministra Kimi Onoda, encargada de las políticas para residentes extranjeros, vivió un momento de evidente tensión.
Un periodista independiente decidió utilizar una traducción al japonés del Corán para cuestionar cómo se está manejando la convivencia con personas de otras culturas, provocando que la funcionaria frunciera el ceño en señal de incomodidad.
LA ASIMILACIÓN CULTURAL
El periodista tomó el micrófono para expresar una preocupación que, según él, está creciendo en la sociedad: la idea de que la convivencia multicultural se está convirtiendo en una imposición para los japoneses.
En su opinión, los ciudadanos locales están siendo obligados a tolerar costumbres extranjeras que chocan con sus propias tradiciones. Para sostener su argumento, sorprendió a la sala al leer tres versículos específicos del libro sagrado del islam: el Corán.
En su lectura, destacó pasajes que hablan sobre la ausencia de coacción en la religión, la obligación de obedecer a quienes tienen autoridad y el respeto mutuo por las creencias de cada quien.
Con base en estos textos, el reportero concluyó que la propia doctrina exige a los extranjeros respetar las leyes del país que los recibe. A partir de ahí, lanzó una exigencia directa a la ministra: pidió que se establezcan normas más estrictas y se eduque a los inmigrantes para que se adapten a Japón.
Como ejemplo, sugirió prohibir formalmente los entierros bajo tierra, una práctica común en el islam, pero contraria a la tradición de cremación japonesa.
POR LA IDENTIDAD NACIONAL
Mientras el reportero exponía su punto de vista y leía los textos religiosos, la ministra Onoda no ocultó su disgusto, escuchando con el ceño visiblemente fruncido. Sin embargo, al momento de tomar la palabra, su respuesta fue directa y sin titubeos, dejando clara la postura oficial del gobierno japonés frente a la llegada de extranjeros.
Onoda subrayó que la política del país se basa en que cualquier extranjero debe actuar de manera responsable como un miembro más de la sociedad. Además, fue tajante al defender la identidad nacional, afirmando que el pilar fundamental de la convivencia en el país es la cultura japonesa y que esa es una línea roja que el gobierno nunca va a ceder.
Finalmente, respecto a la polémica petición de prohibir los entierros islámicos tradicionales, la ministra esquivó el debate religioso argumentando razones legales, y le indicó al periodista que ese tema en particular debe ser consultado directamente con el Ministerio de Salud, ya que es la entidad que regula los cementerios en Japón. (RI/AG/IP/)
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