Ante el prolongado bloqueo del Estrecho de Ormuz, una ruta marítima crucial para el suministro mundial, el número de petroleros que parten desde Estados Unidos con destino a Japón ha experimentado un aumento drástico. Norteamérica se ha convertido en una de las principales alternativas gubernamentales para suplir la escasez de importaciones provenientes de Medio Oriente.
Hasta el 23 de abril, se confirmó la salida de trece buques desde la costa del Golfo de México; uno de ellos ya atracó en territorio japonés tras cruzar el Canal de Panamá, marcando el inicio de una ola de llegadas que se intensificará a partir de mayo mediante diversas rutas marítimas.
La agencia Jiji citó a un analista del Instituto de Investigación Económica de Rakuten Securities que examinó los datos de geolocalización naval de plataformas como MarineTraffic y constató que la cifra de embarcaciones estadounidenses hacia Japón se cuadruplicó en apenas un mes.
Las empresas importadoras se enfrentan actualmente a un dilema logístico que definirá el mercado a corto plazo. Tres de los trece petroleros optaron por el Canal de Panamá, una vía rápida que toma unos treinta días, pero que impone altos peajes y restricciones de profundidad que impiden el paso de navíos gigantes.
Los diez restantes tomaron la ruta del Cabo de Buena Esperanza, un trayecto más económico y de mayor capacidad que demora cerca de cincuenta días, esperando sus primeros arribos a principios de mayo.
El pasado 26 de abril se evidenció la urgencia de estas operaciones cuando un buque cargado con 910.000 barriles de crudo estadounidense llegó a la bahía de Tokio.
El cargamento fue adquirido por Cosmo Oil, filial de Cosmo Energy Holdings, completando el viaje en 35 días a través de Panamá. Según declaraciones de un portavoz de la compañía, la elección de esta ruta priorizó exclusivamente la velocidad para poder garantizar un suministro energético estable dentro del país.
DUDAS SOBRE LA SOSTENIBILIDAD DEL SUMINISTRO
A pesar de esta inyección de recursos, los expertos miran el futuro con cautela. El analista advierte que estas compras a Estados Unidos corresponden probablemente a contratos al contado en el mercado «spot», y no a acuerdos de suministro a largo plazo.
Nishi expresó su preocupación indicando que el crudo norteamericano podría convertirse en el centro de una feroz competencia con otros países asiáticos, lo que pone en duda la capacidad de Japón para mantener este ritmo de adquisiciones de forma continua a partir del próximo mes.
Además de los envíos desde Estados Unidos, los radares marítimos solo han detectado otras ocho embarcaciones en camino para abastecer a Japón: cuatro procedentes de Medio Oriente que lograron evitar el paso por el Estrecho de Ormuz y cuatro más que realizaron transbordos de crudo en puertos de Malasia.
Sin contar esta pequeña flota, los datos de rastreo no muestran más petroleros de reemplazo a la vista, lo que muestra la vulnerabilidad de la seguridad energética nipona ante la actual crisis geopolítica. (RI/AG/IP/)
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