Pueblos pequeños en Japón: “Los extranjeros son nuestros salvadores”

Pueblo de Higashikawa (foto 663highland)

En 280 municipios de Japón la población de residentes extranjeros se ha duplicado o crecido más de 100 % durante la última década.

La creciente presencia de los extranjeros se hace más patente en los municipios pequeños, donde son esenciales para mantener funcionando las comunidades locales, revela Mainichi Shimbun.

En el pueblo de Kotohira, prefectura de Kagawa, que alberga a alrededor de 8.000 residentes, el número de extranjeros se ha multiplicado por 11,4 en los últimos diez años, de 17 a 194.

En esta localidad el turismo es fundamental. Los extranjeros realizan los trabajos donde no hay suficientes japoneses para cubrirlos.

En el sector de hotelería, donde los salarios son más bajos, los extranjeros (entre ellos vietnamitas) hacen tareas de limpieza de habitaciones, por ejemplo.

“Los hoteles y posadas aquí no pueden funcionar sin los extranjeros”, dice un residente japonés que pertenece a la industria.

En el pueblo de Kamishihoro, en Hokkaido, con menos de 5.000 habitantes, el número de extranjeros se ha quintuplicado a aproximadamente 200 en la última década.

Los productores de leche tienen dificultades para conseguir trabajadores japoneses (tres meses después de publicar ofertas de empleo no reciben ninguna solicitud).

¿Quiénes acuden en su ayuda? Las agencias intermediarias, que les envían trabajadores de Vietnam, China y otros países asiáticos.

En el pueblo de Higashikawa, también en Hokkaido, la población extranjera se ha multiplicado casi por diez en la última década.

Allí son necesarios los cuidadores. Varios municipios de la zona se han unido para apoyar el desarrollo de los trabajadores de salud extranjeros. Hay una escuela para su formación.

Se ofrece a los interesados una ayuda de 5 millones de yenes (33.000 dólares) para cubrir la matrícula y los gastos de manutención durante dos años.

El helper no tiene que devolver el dinero si trabaja durante cinco años en un centro de atención local después de graduarse.

La zona cuenta con alrededor de 60 extranjeros que cuidan a ancianos japoneses.

Un representante de la escuela revela que no consiguen suficientes alumnos japoneses y que esto se traduce en la falta de cuidadores japoneses. Falta personal para atender a los ancianos. Por eso, dice, “los extranjeros son nuestros salvadores”.

Por otro lado, no resulta fácil atraer mano de obra extranjera. Japón tiene que competir con otros países.

El presidente de Onodera User Run, una empresa con sede en Tokio que capacita a cuidadores extranjeros, advierte en declaraciones a Mainichi de que los salarios en países como EE. UU. son dos o tres veces más altos que en Japón.

Si Japón aún resulta atractivo para muchos se debe a que es un país seguro y al interés en la cultura japonesa. (International Press)

 

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