Kurdo detenido en inmigración de Tokio: “No fui tratado como un ser humano”


Oficina de Inmigración de Tokio

Mehmet Colak, un hombre kurdo de 39 años, pasó un año y cinco meses encerrado en un centro de detención de la Oficina de Inmigración Regional de Tokio.

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“No fui tratado como un ser humano”, dice sobre su encierro. Colak fue liberado de manera provisional la semana pasada.

El kurdo no es un desconocido para los medios, pues fue noticia después de que en marzo de 2018 los funcionarios de inmigración se negaron a llevarlo a un hospital pese a que estaba muy enfermo. Su caso incluso llegó a abordarse en el Parlamento nipón.

El 11 de marzo, Colak se quejó de dolores de cabeza y pecho. Al día siguiente, fue trasladado a una celda de confinamiento solitario vigilada por video.

Los funcionarios de inmigración no solo le negaron un médico para que lo revisara, sino que además rechazaron una ambulancia que envió la familia de Colak al centro de detención después de que él se comunicó con ellos por teléfono para decirles que estaba mal.

“Yo les dije a los oficiales de inmigración que me estaba sintiendo mal, pero solo me dijeron: ‘Tú todavía estás vivo, ¿no?”, recuerda.

Colak dice que fue muy doloroso haber estado apartado de su familia, revela Kyodo.

El kurdo tiene una esposa y tres hijos. Inmigración rechazó su solicitud para acogerse al estatus de refugiados varias veces y emitió órdenes de deportación. Sin embargo, las autoridades suspendieron la deportación de la familia y le otorgaron libertad provisional.

Cuando la familia fue a la Oficina de Inmigración Regional de Tokio en enero de 2018 para renovar su estatus, Colak fue detenido.

El kurdo afirma que hasta ahora no le han explicado por qué estuvo detenido tanto tiempo o por qué le han concedido la libertad provisional.

“Todavía hay personas dentro (del centro de detención) que están sufriendo. Quiero que se eliminen las detenciones largas”, demanda.

Mientras tanto, su esposa relata que iba a visitar a Colak casi a diario. “Cuando llegaba a casa, les decía a los niños: ‘Tu papá está bien’. Tenía que mentirles, y eso me dolía”.

“Somos refugiados. Quiero que los japoneses sepan que no hemos hecho nada malo”, enfatiza.

Colak, que se declara víctima de persecución en Turquía, país cuya nacionalidad tiene, huyó a Japón en 2004. Dos años después, su esposa y su entonces único hijo le siguieron los pasos.

El hombre decidió mudarse a Japón porque tenía parientes que vivían ahí. (International Press)


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