Hijos de extranjeros sin visa piden a Japón que no los separen de ellos

Los hijos de extranjeros en situación irregular consideran a Japón como su hogar (foto apfs.jp)

Gobierno japonés rechaza solicitud de sus padres para permanecer en el país

Los hijos de extranjeros en situación irregular consideran a Japón como su hogar (foto apfs.jp)
Los hijos de extranjeros en situación irregular consideran a Japón como su hogar (foto apfs.jp)

Jezreel Ann Balbuena es filipina, tiene 12 años y vive en Japón con sus padres indocumentados. La niña usa ropa usada que hereda de su madre. Si cae enferma, no la llevan al médico porque no tiene seguro de salud. Satisfacer las necesidades básicas como la alimentación es difícil.

No tener un estatus legal ha privado a la niña de llevar una vida normal, condenándola a la pobreza y la incertidumbre.

Ann le cuenta a Japan Times que le da vergüenza ser la última de su clase en pagar los gastos relacionados con la escuela.

Sin embargo, a pesar de las dificultades financieras y legales, la niña quiere quedarse en Japón. Adora su escuela, se divierte con sus amigas, juega vóley y sueña con ser enfermera. «Quiero hacer algo para ayudar a los demás. Me encanta hacer sonreír a la gente», dice.

La niña, que no entiende tagalo, declara: “Japón es mi único hogar. No puedo y no quiero imaginarme viviendo en otro sitio que no sea aquí”.

Sus padres, Frederick y Myla, llegaron a Japón en 2001 con una visa de turista de tres meses, tras los cuales decidieron quedarse para buscar empleo.

«Nos disculpamos por infringir la ley de Japón», dice la madre de la niña, Myla. “Le suplicamos al gobierno que nos dé la oportunidad de quedarnos en Japón. Nos preocupa el futuro de nuestra hija”.

Los Balbuena fueron descubiertos por las autoridades en 2009. Están bajo un régimen de libertad provisional que los salva de la detención y que los obliga a reportarse mensualmente para renovar su estatus.

Si bien las personas que están bajo este régimen gozan de libertad, no pueden trabajar, tener seguro ni salir de la prefectura donde residen sin permiso.

Los hijos de estas personas, como la niña filipina, viven con el miedo a ser deportados a un país que es el de sus padres, pero no el de ellos. Su país es Japón.

Algunos de estos chicos han solicitado un permiso especial al gobierno para vivir en Japón. Han sido aceptados por razones humanitarias. Sin embargo, sus padres no califican para ello según el gobierno nipón, lo que amenaza con separar a las familias.

Ocho de los niños que están en esa situación solicitaron el viernes a la Oficina Regional de Inmigración de Tokio un indulto por parte del gobierno para que sus padres puedan quedarse en Japón.

Jotaro Kato, cabeza de la Asociación de Amistad de los Pueblos de Asia, afirma que para estos niños el país de sus padres no es el suyo.

«Los niños no pueden elegir a sus padres. Dadas las circunstancias, creo que merecen un poco de misericordia por parte del gobierno. Y estar juntos con sus padres es crucial para su sano desarrollo», dice.

La iraní Narin Zoljalalian llegó con su familia en Japón en 2002. Aún no había cumplido los tres años, así que ha pasado casi toda su vida en Japón. Narin vive con su madre, que tiene libertad condicional tras expirar su visa en 2007.

Debido a su irregular situación, la chica de 16 años no puede trabajar a tiempo parcial ni abrir su propia cuenta bancaria.

La adolescente envió una carta, de su puño y letra, para solicitar al Ministerio de Justicia que les permita a su mamá y a ella permanecer en Japón. El Ministerio le respondió que ella calificaba para quedarse en el país con un permiso especial; sin embargo, su mamá no.

«La parte más aterradora es que no sé cuándo esta vida inestable llegará a su fin. Con frecuencia me pregunto, ¿será este el último verano que pasaré con mis amigas en Japón? ¿Podré ir a nuestro viaje de la escuela el próximo año? Mi futuro es tan incierto que ni siquiera puedo pensar si ir a la universidad», dice la menor, que no entiende por qué el gobierno la separa de su mamá.

La iraní recibe apoyo de sus compañeros de clases, que han juntado firmas para que su madre y ella puedan obtener el permiso de residencia.

Japan Times hace notar que Japón toleraba a los indocumentados cuando necesitaba mano de obra. Sin embargo, cuando la demanda de trabajadores no calificados disminuyó, comenzó a perseguirlos, ofensiva que se está intensificando ante la proximidad de los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020.

El número de personas sin visa en Japón asciende a 60.007, según cifras del 1 de enero de este año, casi un quinto del los 298.646 registrados en 1993. (International Press)

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