¿Se repetirá la final Brasil-Uruguay? Por Jorge Barraza

Jorge Barraza

Es el peor grupo posible”, lanzó Louis Van Gaal, apenas terminó el sorteo del Mundial en Costa do Sauipe. No hablaba sólo por España, al que deberá medir Holanda mismo en el debut; en el “peor” incluía implícitamente a Chile. “Le vi hacer un gran partido frente a Colombia”, reconoció.

También el bigotón Del Bosque lucía preocupado por Chile. Tiene fresco el reciente amistoso en que la Roja derrotaba a España 2 a 1 y empató Jesús Navas en el minuto 91. Además, empieza a ser algo más que un rumor la agresividad que ha instalado Sampaoli en este Chile. A nadie le agrada un rival que ataca permanentemente. No hay margen de error.

Nos tocó un grupo de terror”, tituló a toda página El País, de Montevideo, analizando la zona “D”, en la que los celestes comparten con Italia, Inglaterra y Costa Rica. Pero hay que ver qué opinan los otros ¿no?, ¿a quién le gusta enfrentar a Uruguay…? A los ingleses no, seguramente. Ellos ven cada fin de semana las cosas que hace Luis Suárez en la Premier League, los goles de Cavani en el París Saint Germain y no deben estar muy confiados. Además siempre está el recuerdo de 1966, el Mundial que ganaron los inventores del fútbol. Al único rival que no pudo vencer Inglaterra fue a Uruguay, en el partido inaugural: 0 a 0 en Wembley frente a una impresionante multitud que había ido a ver ganar a su selección. Se la hizo dura Uruguay. Y faltando cuatro minutos Pedro Rocha casi les amarga la tarde: metió un tiro en el palo.

De este lado pensamos en los europeos, en sus nombres ilustres, pero ellos también están inquietos; saben que, a nivel de selección, el universo es completamente distinto del de clubes. En clubes, actualmente, las diferencias entre Europa y América son tan grandes como el océano, pero en selecciones acá hay formaciones fuertes y cada vez más convencidas de poder cumplir un rol protagónico, de tener que cumplirlo. Allá, en cambio, hay países a los que les cuesta juntar once buenos, como Italia o Inglaterra, cuyas ligas atraen por estar plagada de extranjeros. La mejor prueba de esta paridad la dan los cabezas de serie: 4 europeos y 4 sudamericanos, muy laudatorio para un continente que tiene apenas 10 afiliados.

Desde el ’94 para acá nos convertimos en especialistas en explicar derrotas”, dice Daniel Arcucci, excelente editor de deportes de La Nación, de Buenos Aires. El problema es que ahora, si Argentina no llega al menos a semifinal, va a resultar bastante inexplicable. Le tocó un grupo benigno (Bosnia, Irán y Nigeria) y con cruces posteriores accesibles. No se mediría con Brasil ni con Alemania sino en la final. Ni con España o Uruguay o Italia o Inglaterra hasta semifinal. Y tendrá todos viajes cortos. Soñaban con el Grupo “F” en el interior de la Selección. Se les dio justo. Todo idílico. No obstante, las lesiones jugarán un papel esencial en los 31 días que dure el torneo. Por eso en la Argentina prenden velas por Messi. Que ni se resfríe…

Si Brasil y Uruguay son primeros de los segmentos “A” y “D” respectivamente, podría repetirse la final de 1950. Sería una definición para la historia, para el cine y la literatura. Ahí, el paisito podría hacer temblar a 200 millones de personas. Incluídos los 11 que jueguen de amarillo. Porque como dice Tabárez, “para Uruguay ningún partido es fácil, pero ninguno es imposible”.

Uruguay, Italia e Inglaterra integran el más mortífero de los grupos de la muerte, aunque en el caso de los dos últimos, más por tradición que por presente. En medio de los tres, Costa Rica parece Pulgarcito. Sin embargo, debe tomarlo como una oportunidad maravillosa de estar en el centro de atención del mundo, de hacer historia y de crecer. Está en el grupo estrella del torneo. Muchos quisieran ocupar ese lugar. Y atención: a este mismo Uruguay, Costa Rica le hizo un partidazo en Montevideo en el repechaje del 2010.

Nunca se había dado que tres campeones compartieran zona. Esto es debido a la nueva fórmula para elegir los cabezas de serie: mediante el Ránking Mundial. Así se valoriza el Ranking, que es un buen termómetro. Todos deben preocuparse por mantener o mejorar su ubicación. Y por extensión, darle importancia a cualquier presentación de su selección, sea del carácter que fuera.

Ahora que los vemos repartidos y analizamos los grupos estamos más convencidos que nunca: los 32 equipos tienen méritos, son difíciles (unos más que otros, desde luego), todos saben jugar y llegarán muy bien preparados. Puede haber algún partido poco atractivo (Bosnia-Irán, por ejempo), pero no hay nombres de relleno. No hay Tahitís.

Los Mundiales también tienen su martingala: para quienes buscan ser campeones, la clave es ganar el grupo, porque facilita el camino posterior: en octavos se juega contra un segundo y no con un primero. Incluso en cuartos se puede seguir contra otro segundo. Para ser primero del grupo es decisivo ganar el primer partido. Lo repite siempre Scolari: “En un Mundial, es fundamental ganar el día del debut”. Porque además de los tres puntos se aflojan las tensiones y crece la confianza.

Brasil, Alemania y España, en ese orden, son los tres candidatos de este cronista. Y una intuición adicional: Uruguay puede hacer otra vez un gran Mundial. Le da la edad todavía para una Copa fulgurante, posee un técnico magnífico como Tabárez, tiene grandes delanteros y un factor determinante: mística. Juega con el alma cada partido.

Igual, todas estas especulaciones tienen vigor hasta el jueves 12 de junio de 2014; ahí comienza la dinámica de lo impensado. Nadie gana un Mundial en el sorteo.

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