Irma Aráuz: “De capullo de rosa”

Cuando la vida en pareja se convierte en “una soledad acompañada”.

Irma Arauz
Irma Arauz

Por la psicóloga Irma Aráuz*


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Después de muchos años de vivir juntos, cuando los hijos se van y muchos podrían decir ¡por fin solos! la frase se convierte en una utopía porque la realidad es otra.

Cada uno por su lado hace su vida durante muchos años, anhelando estar juntos, compartir el tiempo, hacer el amor sin la interrupción de los niños, salir de compras y hablar de lo que no se ha hablado en años. La espera desespera y cuando llega se convierte en un infierno para la pareja. Ambos se transforman en “desconocidos” y ninguno se reconoce. Ella es una “bruja” y él un “estúpido” que no sabe hacer nada y pasa todo el tiempo en el sofá mirando la tele o sumergido en internet. La mujer desesperada quiere salir huyendo, pero si nunca ha sido independiente no sabe a dónde ir.

Esta vida en pareja se convierte en lo que Gabriel García Márquez diría “una soledad acompañada” y es lo más terrible que pueda existir, no hay de qué hablar, pero sí hay pleitos por nada.

Un ejemplo es el de una señora a la que su esposo le dijo “…estás gorda, deberías bajar de peso”. Ella en otro momento se hubiera callado, pero como el tenerlo ahí todos lo días la “rebasaba”, se atrevió a contestarle: “Y tú también estás barrigón y pelón”, está de más decir que se enfrascaron en una pelea por nada y ella terminó llorando y él muy ofendido. Por supuesto ella se quedó con la duda de si tenía o no razón al haberle contestado, o hubiese sido mejor haberse callado como siempre.

Las mujeres a veces se sienten brujas cuando se quejan de la relación con un hombre que no les satisface, sea en el plano emocional o físico. Pero, asumir la culpa de una situación es perjudicial. La palabra bruja no significa nada. Ya en la Edad Media se utilizaba para mandar a la hoguera a muchas mujeres cuyas características eran: ser inconformes, independientes y que daban su opinión libremente. Ahora se usa más que nada para referirse a mujeres malas y que no se comportan bien. El peso del legado psicológico hace que ellas tengan miedo de alzar la voz y que ellos teman parecer débiles si dejan que la mujer hable con libertad. De capullo de rosa a bruja se ha convertido la mujer no sólo para los hombres sino para las mismas mujeres. Y esto es muy peligroso para la autoestima femenina.

Las mujeres somos como las estaciones del año y cada estación posee su propia belleza y sabiduría. No lo olvides, eres como una rosa abierta a fines de verano y con suficiente sabiduría para saber quién eres y a dónde vas sin que nadie tenga que decirte lo que tienes o no que hacer. En tu interior, tú misma sabes qué es lo que puedes y quieres hacer. Intenta aumentar tu autoestima, haz cosas que te gusten y que te hagan sentir contenta.

Si este es tu caso, habla con tu marido sin estar a la defensiva y entre los dos traten de hallar un punto intermedio en el que ninguno gane ni pierda sino donde ambos salgan ganando. El asunto no es pelear y defenderte, sino “ganar-ganar”.

*La psicóloga Irma Aráuz atiende directamente en el teléfono 090-2553-3307 y en el e-mail consultasairma@live.com.ar.

 


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