Nélida Tanaka: Un día con los damnificados de Soma, en Fukushima

Psicóloga Nélida Tanaka

Bajo estas condiciones inciertas, el ser humano no puede hablar sobre sus experiencias más traumáticas. Hay que respetar su silencio y que sienta que no esta solo.


Por Nélida Tanaka*

Psicóloga Nélida Tanaka

Quisiera compartir con ustedes lo que vivimos durante nuestra visita a Soma, en la provincia de Fukushima.

Fuimos un equipo integrado por un psiquiatra, dos trabajadores sociales y varios psicólogos, para una actividad de soporte a las víctimas del desastre en Tohoku.
Tomando la carretera desde la ciudad de Fukushima, Soma está a una hora y media hacia el mar, traspasando el monte Ryozen. Durante el camino, algunas casas con las tejas rotas muestran las huellas del terremoto, sin embargo, es recién cuando empezamos a cruzarnos con los camiones del Ejército de Autodefensa, que nos damos cuenta que estamos cerca de las regiones afectadas.

El tsunami arrasó todo lo que encontró a su paso. (foto Nélida Tanaka)

Ya en la ciudad de Soma, al dirigirnos hacia el puerto, el paisaje cambia totalmente y uno queda con la impresión de haber entrado a un territorio bombardeado, todo hecho trizas, una vista grisácea, un olor fétido, realmente un infierno.

Un barco lejos del mar, varado en terreno firme, pilares de fierro arrancados desde sus raíces, son silenciosos testigos del horroroso ímpetu de las olas arrasando todo lo que encontraban a su paso. Encontrar algunas casas en medio del agua te hace recordar que hay regiones que se sumergieron unos 2 metros bajo el mar.

Una embarcación que el tsunami varó tierra adentro. (foto Nélida Tanaka)

Este escenario es tétricamente surrealista, uno puede imaginar que debajo del lodo, aún pueden yacer víctimas esperando ser descubiertas, sabemos que aún hay más de 9.000 personas desaparecidas en todo el área de Tohoku. Ser consciente de esta realidad te prohíbe seguir tomando fotografías de la región, es casi blasfemo.

El refugio al que nos dirigimos para las actividades de apoyo hospedaba a unas 370 personas, entre ellas a 30 niňos, 5 de ellos huérfanos después del desastre. Ahí no se encontraron extranjeros, quienes según la Asociación Internacional de la región mantenían un perfil bajo en la zona para poder integrarse. Fukushima es una provincia que fue afectada por los terremotos, los tsunamis y sobre esto, por la radiación debido a la presencia de los reactores nucleares. De hecho, el apoyo de voluntarios en esta zona es mucho menor que en otras debido al temor a la radiación.

Soma, Fukushima (Foto Nélida Tanaka)

Muchos refugiados perdieron a familiares, amigos, sus bienes materiales, su casa, su barco, hasta el terreno sobre el que tenían edificado su hogar. El futuro de ellos es incierto, no saben si podrán quedarse en la región, muchos pescadores perdieron el barco que compraron pero se quedaron con las deudas que adquirieron. Los agricultores posiblemente no podrán seguir cultivando en estas tierras por el efecto de la radiación.
En cada sala residen unas 20 personas provenientes de una misma zona, duermen sobre una frazada ya que no tienen colchón, no tienen paredes que protejan su privacidad. Los que provenían de otras zonas duermen aislados en los corredores. La situación en este refugio ya estaba más controlada y organizada por lo que habían turnos para servir las comidas y hacer la limpieza. En este sentido ellos tenían un techo y comida básica, pero por otro lado, su futuro es una incógnita, no pueden visionar su maňana, no pueden controlar sus vidas, esto da lugar a una muda angustia, a un tácito sentimiento de impotencia.

Bajo estas condiciones inciertas el ser humano no puede hablar sobre sus experiencias, y mucho menos cuanto más traumáticas sean éstas, demasiado dolorosas para tolerarlas bajo un ambiente de inseguridad. En estos casos, es importante respetar su silencio. Las pocas personas que me hablaron sobre sus experiencias tenían algo seguro, ya sea por tener trabajo, estar libre de deudas, o por tener algún familiar a donde podían acudir. En estos duros momentos, tal vez lo único que uno puede hacer es estar con ellos, que puedan sentir que no están solos.

Nosotros planeamos un programa de servir café y otras bebidas calientes, además de galletitas, pequeňos lujos que se tuvieron que privar después del terremoto. Esta actividad sirvió de puente para acercarnos a ellos, supimos que muchos sufrían de insomnio, pesadillas, dolores lumbares y de hombros, dándonos la pauta para programar y realizar unos ejercicios grupales de relajación.

La actividad de preparar las bebidas sirvió también para acercarnos a los niňos, quienes estuvieron constantemente con nosotros, ya sea ayudándonos a preparar el café, el té con limón, o jugando con el hula hula, o aviones de papel; era como si tuvieran miedo de estar solos y quisieran estar siempre cerca de los adultos. Aparentemente no muestran problemas, pero enterarse de que una niňa apenas pudo ser salvada del tsunami mientras otros amiguitos perecieron, saber que hay huérfanos enrtre ellos, que ese mismo día un niňo había asistido a un funeral, uno puede imaginarse el peso que acarrean por dentro.
Se espera que la mayoría de los refugiados se traslade a viviendas temporarias en unos dos meses. En el caso del terremoto de Hanshin, muchos se suicidaron después que abandonaron los refugios. Aprendiendo de esta experiencia se está construyendo también una vivienda que sirva como sala de reunión, evitando así el aislamiento de la gente.Observamos que el trayecto para que ellos puedan recobrar su vida normal todavía es muy largo y difícil, necesitarán apoyo por un periodo extendido, por lo pronto estamos planeando visitas periódicas al lugar.

A continuación me dirijo a cada uno de los lectores, que cada uno de nosotros pueda ser solidario. Pensemos qué podemos aportar. ¿Cómo podemos también aprovechar estos momentos de manera educativa? Si puede conversar en familia sobre la condición de los damnificados y si sus hijos, después de haber compartido ideas con ustedes, espontáneamente desean donar 100 yenes para los damnificados, comprobará que la semilla de la solidaridad y conciencia social está creciendo en el corazón de sus hijos. Actuemos dentro de nuestras posibilidades y tengamos fe en la capacidad del ser humano para sobrepasar sus traumáticas experiencias y dar inicio a un nuevo futuro.

*Psicóloga clínica, contacte con ella llamando al 090-2245-4021 o por correo electrónico : consultas@hotmail.co.jp

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