
Hay encuentros que nos hacen recordar el pasado, pero también nos invitan a pensar en el futuro.
Ayer domingo, en la prefectura de Gunma, tuvimos la alegría de celebrar la primera edición de la COPA AELU JAPÓN 2026, un encuentro que nació con un propósito muy especial: volver a reunir a quienes, por distintas circunstancias de la vida, habían tomado caminos diferentes.
Hoy 12 de octubre, Japón celebra el Día del Deporte y no puedo dejar de reflexionar sobre el verdadero significado del deporte en nuestras vidas.
Porque el deporte no solamente nos enseña a competir. También nos enseña a respetarnos, a compartir y, sobre todo, a reencontrarnos.
¿DÓNDE ESTARÁN AQUELLOS AMIGOS?
Durante muchos años, el AELU, la Asociación Estadio La Unión, ha sido un espacio importante para la comunidad nikkei en el Perú. Un lugar donde distintas generaciones compartieron el deporte, la amistad y momentos que permanecen en nuestra memoria.
Con el paso del tiempo, muchos peruanos nikkei emigraron al Japón buscando nuevas oportunidades.
Aquellos amigos que antes se encontraban en las canchas, en las reuniones y en las actividades de nuestra comunidad comenzaron a vivir en diferentes ciudades, dedicados al trabajo, a sus familias y a construir una nueva vida.
Y muchas veces me he preguntado: ¿Dónde estarán aquellos amigos? ¿Cómo estarán? ¿Cuántos años habrán pasado desde la última vez que nos vimos?
La distancia y el tiempo hicieron que muchos perdiéramos el contacto. Aquella comunidad que antes compartía tantos momentos fue cambiando, y también disminuyó la presencia de muchos de sus antiguos integrantes en las actividades del AELU.
Sin embargo, hay algo que nunca desaparece: los recuerdos y los lazos que construimos.

UN REENCUENTRO QUE DESPERTÓ EMOCIONES
Durante la COPA AELU JAPÓN 2026, tuve la oportunidad de observar algo que me emocionó profundamente.
Amigos que no se veían desde hacía muchos años volvieron a saludarse. Algunos recordaban sus épocas de juventud, otros compartían historias de sus familias y muchos simplemente sonreían al encontrarse nuevamente frente a frente.
En la cancha había competencia, goles y entusiasmo. Pero fuera de ella había algo todavía más valioso: abrazos, conversaciones y recuerdos que volvían a cobrar vida.
Participaron personas de distintas generaciones, acompañadas por familiares y amigos, demostrando que el fútbol puede convertirse en un puente entre nuestro pasado y nuestro presente.
Y pensé que, después de tantos años, quizás lo que muchos necesitábamos no era solamente otro campeonato.
Necesitábamos una razón para volver a encontrarnos.

REENCUENTRO, AMISTAD Y UNIÓN
Desde el inicio quisimos que esta primera edición tuviera tres valores fundamentales: reencuentro, amistad y unión.
El reencuentro nos permite recuperar aquellos vínculos que el tiempo y la distancia habían dejado en pausa.
La amistad nos recuerda que, más allá de las diferencias, seguimos compartiendo una historia. Y la unión nos invita a respetarnos, apoyarnos y construir juntos nuevas oportunidades para las siguientes generaciones.
Como peruano nikkei de tercera generación, considero que nuestra responsabilidad no consiste únicamente en conservar las tradiciones que recibimos de nuestros padres y abuelos.
También debemos crear nuevos espacios donde nuestros hijos, nuestros jóvenes y las futuras generaciones puedan conocerse y sentirse parte de una misma comunidad.

HASTA EL NUESTRO PRÓXIMO REENCUENTRO
Al finalizar el campeonato, mientras observaba a los participantes despedirse, sentí una mezcla de alegría y nostalgia.
Alegría por haber logrado reunir nuevamente a tantos amigos y nostalgia porque, después de compartir un día tan especial, cada uno debía regresar a su hogar, a su trabajo y a sus responsabilidades.
Pero esta vez quisiera que esa despedida fuera diferente. Que no sea un adiós por muchos años. Que sea simplemente un «hasta pronto».
Agradezco a Dios por habernos permitido vivir este reencuentro, a todos los participantes, al AELU, a las instituciones colaboradoras y a cada persona que hizo posible esta primera edición.
Si algo me dejó esta experiencia, es la convicción de que nuestra comunidad nikkei todavía tiene mucho por compartir y construir.
Y que, a veces, basta un balón de fútbol, una cancha y la voluntad de reencontrarnos para recordar que seguimos siendo parte de una gran familia.
Porque los años pasan, los caminos cambian, pero la verdadera amistad permanece.
Que el Día del Deporte en Japón nos recuerde que el mayor triunfo no siempre está en levantar una copa, sino en volver a abrazar a un amigo después de muchos años.
¡Que viva el reencuentro, la amistad y la unión!
Hasta pronto, amigos. Nos volveremos a encontrar.
(*) Presidente de Aizawa Corporation
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