Japón produce 40% más, pero los salarios siguen estancados desde 1995

La realidad contradice la creencia de que los japoneses son demasiado ahorradores y se niegan a consumir.

El fuerte aumento de la productividad laboral japonesa no se ha traducido en mayores salarios reales. Entre 1995 y 2024, el PIB generado por hora trabajada aumentó cerca de 40 %, mientras el salario real por hora cayó 2 %, sostuvo el analista económico Richard Katz.

Katz ha escrito varios libros sobre los problemas económicos de Japón, incluyendo «Japan: The System That Soured», analizando su auge y caída, y es editor del boletín Japan Economy Watch. Esta vez analizó a profundidad la economía japonesa para la revista President.


En términos económicos, el problema de Japón es la desconexión entre productividad laboral y salarios reales. La productividad creció de manera sostenida, pero la remuneración de los trabajadores permaneció prácticamente estancada durante tres décadas.

La comparación internacional también resulta desfavorable para Japón. Entre 1995 y 2017, países como Noruega y Suecia registraron aumentos salariales muy superiores a los japoneses en relación con sus avances de productividad.

Un estudio comparó la evolución de Italia, España, Francia, Reino Unido, Dinamarca, Canadá, Finlandia, Estados Unidos, Noruega, Suecia y Japón. Una línea mostró que salarios y productividad aumentaron en la misma proporción, salvo en Japón.


El problema no es solamente la evolución de los salarios. Según Katz, la contención salarial también debilitó el consumo interno y contribuyó a prolongar el bajo crecimiento de la economía japonesa.

SALARIOS Y PRODUCTIVIDAD

Si una empresa reduce los salarios de sus trabajadores, puede aumentar sus beneficios en el corto plazo. Pero si todas las empresas hacen lo mismo, los consumidores pierden capacidad para comprar los productos y servicios que esas mismas empresas necesitan vender.


Cuando las ventas disminuyen, las empresas reducen la producción, pueden despedir trabajadores y tienen menos incentivos para invertir en ampliar su capacidad productiva.

Katz considera que este mecanismo constituye uno de los principales factores de los llamados «30 años perdidos» de Japón, porque la debilidad de los salarios terminó afectando también la demanda y el crecimiento.

la tasa media de ahorro cayó … Este dato contradice la explicación de que los japoneses simplemente son demasiado ahorradores y se niegan a consumir.

EL MITO DEL AHORRO SE HA DESTRUIDO

El problema japonés se refleja también en el ahorro de los hogares. La tasa de ahorro de los hogares alcanzaba el 14 % de los ingresos en 1990.

Sin embargo, excluyendo los años excepcionales de la pandemia, la tasa media cayó al 0,7 % entre 2013 y 2023. Este dato contradice la explicación de que los japoneses simplemente son demasiado ahorradores y se niegan a consumir.

Con ingresos reales estancados, los hogares habrían reducido progresivamente su ahorro para mantener su nivel de consumo. La caída del ahorro sería, por tanto, una consecuencia de la presión sobre los ingresos y no la causa principal del debilitamiento del consumo.

A mediados de 2025, el gasto real de los hogares japoneses seguía ligeramente por debajo del nivel registrado 12 años antes.

Katz cuestiona que el Ministerio de Finanzas, Keidanren y sectores fiscalmente conservadores del Partido Liberal Democrático hayan atribuido el problema a un exceso de ahorro de los consumidores.

EL GRAN ERROR DE SHINZO ABE

Varios primeros ministros, entre ellos Shinzo Abe, Fumio Kishida y Shigeru Ishiba, reclamaron aumentos salariales, pero las medidas concretas fueron limitadas.

Entre las políticas que podrían impulsar los salarios menciona acelerar el aumento del salario mínimo, aplicar con mayor rigor la igualdad salarial por trabajo de igual valor entre hombres y mujeres y entre trabajadores regulares y no regulares.

También propone políticas laborales activas para ayudar a los desempleados a encontrar nuevos puestos de trabajo.

Katz cuestiona además la combinación de políticas aplicada durante los años de Abe. Mientras se redujo el impuesto de sociedades, el impuesto al consumo llegó a duplicarse, aumentando la presión sobre los hogares.

El resultado fue una caída del salario anual real de los trabajadores regulares, incluyendo salarios y prestaciones. El promedio, que alcanzó 5,15 millones de yenes en 1996, descendió hasta aproximadamente 5 millones en 2024, casi un 3 % menos.

Para Katz, los bajos salarios contribuyeron así a una dependencia creciente del déficit fiscal.

DEPENDENCIA DEL GASTO PÚBLICO

El estancamiento salarial también obligó al Gobierno a recurrir crecientemente al gasto público para sostener la actividad económica.

Entre 2015 y 2025, más de la mitad del incremento del PIB japonés habría correspondido al aumento del gasto público. Para Katz, los bajos salarios contribuyeron así a una dependencia creciente del déficit fiscal.

El debate fiscal también cambió con el Gobierno de Sanae Takaichi. Tras las elecciones de la Cámara de Representantes de 2024 y de la Cámara de Consejeros de 2025, el Partido Liberal Democrático perdió la mayoría en ambas cámaras.

Los partidos opositores reclamaron durante las campañas una reducción temporal del impuesto al consumo, ya fuera para todos los productos o específicamente para los alimentos.

El Partido Liberal Democrático se opuso inicialmente a la reducción. Ishiba terminó dimitiendo y, durante la elección de su sucesor, Takaichi también había expresado su rechazo a una rebaja tributaria.

Sin embargo, una vez convertida en primera ministra y ante la propuesta de los principales partidos opositores de eliminar permanentemente el impuesto al consumo sobre los alimentos, Takaichi apoyó reducirlo a cero durante dos años.

La primera ministra se comprometió, no obstante, a no financiar esa medida mediante nuevos bonos de déficit.

Katz sostiene que el resultado electoral otorgó a Takaichi mayor margen para negociar con la oposición y redujo la necesidad de contener sus políticas ante los sectores fiscalmente conservadores del partido y el Ministerio de Finanzas.

El Ministerio de Finanzas se ha opuesto tradicionalmente a reducciones del impuesto al consumo, incluso temporales, por temor a que una medida inicialmente limitada termine convirtiéndose en permanente.

Las empresas acumularon recursos en sus balances durante años, en lugar de destinarlos suficientemente a inversiones productivas, salarios o expansión de la capacidad económica.

EL BENEFICIO NO LLEGA A LOS TRABAJADORES

La cuestión central, sin embargo, sigue siendo la distribución de los beneficios derivados del aumento de la productividad. Katz sostiene que las empresas han acumulado una proporción creciente de sus beneficios sin trasladarla suficientemente a los trabajadores.

La participación de los beneficios ordinarios en el PIB pasó de aproximadamente 5 % en 1994 a 18 % a mediados de 2025.

El problema es que una parte importante de esos beneficios no se convirtió en nuevas inversiones capaces de dinamizar la economía.

Las empresas acumularon recursos en sus balances durante años, en lugar de destinarlos suficientemente a inversiones productivas, salarios o expansión de la capacidad económica.

La situación tampoco puede explicarse exclusivamente por la tecnología, el comercio internacional o la inmigración.

LA TECNOLOGÍA NI LA INMIGRACIÓN SON AMENAZA

La automatización, los ordenadores, internet y los cambios tecnológicos redujeron la demanda de determinados trabajadores de baja y media cualificación, pero procesos similares ocurrieron en otros países desarrollados.

La introducción de maquinaria textil durante la Revolución Industrial provocó incluso el movimiento ludita, cuando trabajadores destruyeron máquinas que consideraban una amenaza para sus empleos.

Un siglo después, las centralitas electrónicas sustituyeron a millones de operadores telefónicos. Sin embargo, la desaparición de esos puestos no provocó automáticamente una caída permanente de los salarios.

La nueva tecnología permitió crear otros empleos con mayores niveles de cualificación y remuneración. Tractores, maquinaria industrial y sistemas electrónicos elevaron la productividad y liberaron trabajadores de tareas físicas.

Los sindicatos japoneses han perdido su fuerza para negociar y las mejoras importantes solo llegan a un grupo de trabajadores con alta preparación profesional.

Si la tecnología fuera la causa principal de la divergencia salarial, sostiene Katz, los países desarrollados que utilizan tecnologías similares deberían presentar resultados parecidos.

Pero el gráfico muestra diferencias importantes. Mientras Japón mantiene sus salarios reales prácticamente estancados, en Reino Unido el crecimiento salarial incluso supera el aumento de la productividad.

La inmigración y el comercio tampoco explican por sí solos la diferencia. Katz advierte que atribuir el problema a trabajadores extranjeros, importaciones o empresas extranjeras puede favorecer discursos políticos que buscan responsables externos.

El autor rechaza esa explicación y sitúa el origen del problema en la distribución del poder económico y político entre trabajadores y empresas. Los sindicatos japoneses han perdido su fuerza para negociar y las mejoras importantes solo llegan a un grupo de trabajadores con alta preparación profesional.

El resto está en manos de la deriva de las políticas económicas del gobierno japonés y sus ineficientes técnicos. (RI/AG/IP/)


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